No soy la ola, no soy la nube, no soy la tempestad. No soy la partida, ni soy el personaje, ni la ficha, ni el que gana más. No soy creencia que me limita o me define. Ni la voz que me juzga cuando fallo, cuando deseo me eliminen.
No soy mi mente, no soy la emoción. No soy ni el policía ni
el ladrón. No soy dolor, sufrimiento, ninguna de aquella identidad. No soy nada
de eso que me afecta, de todo eso que viene y va.
No soy mis palabras, ni mis pensares, ni mi malestar. No soy
mi piel ni mi cuerpo ni mi forma de actuar. No soy mi ego, ni mi orgullo, ni el
que quiere más. No soy deseo, vergüenza o culpa, ni duelo, ni ansiedad. Ni
siquiera soy la que escribe estas palabras, soy un canal a través del que todo
esto se puede plasmar.
La vida es, sencillamente. Y en ella soy. Soy océano, soy cielo,
soy mar. Soy jugador, conciencia, unidad. Soy observación. Soy energía, amor en
expansión. Soy poder, soy presencia, soy paz. Soy el sol, soy la vida, SOY.
Cuando vibro algo, todo fluye bien. Soy alma eterna que
siempre está. Soy tú, eres yo, y el fuego encendido en suspensión. Soy conexión
en constante expansión. Cada contrariedad es preparación. Cada partida es entrenamiento.
Y agradezco y confío de cada momento. Quién va a saber más, ¿la vida o yo?
En coherencia vibro mejor. En persistencia me expando en
amor. En sostenimiento, consigo la acción. En genuinidad se eleva mi intención.
Yo primero. No es egoísmo. Es la ley número 1 del universo. Si yo me cuido y me
amo, podré desbordar amor. Si me culpo y me maltrato, maltrataré todo a mi alrededor.
Si estoy vacío, juzgaré. Si estoy perdido, perderé. Si recuerdo quien soy volveré
a esa unidad. Y como un faro, al servicio de un bien mayor, podré iluminar.
No soy la ola, soy el océano. No soy la nube, soy el universo
entero. No soy la tempestad, soy el cielo. No soy la partida, ni soy el
personaje, soy el jugador. Soy el que observa el jugador. Soy la observación
del que observa lo anterior.
Soy amor en paz. Y en constante expansión.

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