miércoles, 15 de julio de 2026

Conversaciones de Diego con Leo


El almanaque decía 15 de julio de 2026. Atlanta, Georgia. Estados Unidos.

Pero para un argentino, el calendario nunca alcanza. Porque para ellos hay momentos del tiempo que no pasan. Se quedan. Se mezclan. Hacen cola en el pecho. Y aquella noche también era 2 de abril de 1982.

Un viento helado atravesaba las islas y seguía soplando, cuarenta y cuatro años después hasta llegar a Atlanta.

También era México, 1986. Y Wembley 1966. Todo al mismo tiempo. Agarrando fuerte el corazón el fuego sagrado, y una herida que nunca dejó de doler a un pueblo que aprendió a vivir con ella.

Había pibes con más sueños que años aprendiendo demasiado pronto que la patria también podía doler. Había cartas que nunca llegaron. Y ese viento frío. Y esa Argentina que siguió respirando.

Hay días así, en los que el tiempo deja de caminar en fila y decide amontonarse. Como si la historia, caprichosa, eligiera sentarse otra vez en el mismo banco del vestuario. Como si el Universo hubiera decidido doblar el mapa del tiempo para que todos los recuerdos terminaran encontrándose ahí. Todos juntos y a la vez.

Dicen que, antes que salieran todos a la cancha, cuando el ruido todavía no había vencido al silencio, cuando desde el Starlink veían el planeta azul rebotando cual bombonera por los saltos de muchos locos, Diego estaba ahí. Sentado. En el vestidor. Atándose despacito los cordones, como hacía siempre. Esperando a Leo.

Cuando lo vio entrar, sonrió. Con esa sonrisa de potrero que ahora parecía conocer todos los secretos del universo y del más allá que estaba trayendo al más acá.  “Vení, Pulga...” Leo se sentó al lado. Ninguno tenía apuro. Los dos sabían que las palabras importantes siempre llegan caminando despacio.

Diego no habló de Inglaterra. Ni de táctica. Ni de marcas. Ni de presión alta. Los argentinos hace mucho saben que cuando hablan de fútbol,  hablan de otras cosas. Hablan de un país que discute todo, que se pelea por todo, que cambia de rumbo una y otra vez... pero que, cada tanto, encuentra once tipos detrás de una pelota para recordar quién es.

Hablan del viejo que los llevó por primera vez a la cancha. Del abuelo que escuchaba los partidos abrazado a una radio. De la vieja que fingía que no le importaba y terminaba llorando los goles en la cocina. Hablan del barrio. De la infancia. De los ravioles del domingo. Del amigo que ya no se sienta en los asados. Y de esos chicos que quedaron para siempre mirando el mar austral.

Porque las Malvinas no viven solamente en un mapa. Viven en los silencios. En las fotos gastadas. En las cartas guardadas en algún cajón. En las historias que cuentan los viejos a los pibes. Y en los nombres que todavía algunos pronuncian bajito antes de dormir. Y ese día estaban ahí las islas también sentadas, al otro lado.

Diego apoyó una mano sobre el hombro de Leo. Fue un gesto chiquito. Pero pesaba millones de abrazos.

“Escucháme una cosa... Hoy no vas a jugar solo. Con vos van a estar el Cabezón Ruggeri, el Tata Brown, Valdano, Burruchaga, Caniggia, Passarella, Fillol, el Pato Abbondanzieri, Goycochea, Bochini... y todos los locos lindos que alguna vez hicieron que este país creyera un poquito más en sí mismo.

También van a estar los millones que dejaron algo para que la Argentina siguiera siendo Argentina”.

Diego levantó la vista, como quien conoce atajos que los demás no vemos.

“A Dios no lo vamos a molestar, debe tener cosas importantes que hacer...” Hizo una pausa. Después sonrió con esa sonrisa que nunca aprendió el protocolo. “Pero si vos me guiñás un ojo... capaz que hagamos una excepción y lo llamo”.

Leo también sonrió.

Sonrió porque entendía.

Entendía que esa noche no empezaba solamente un partido. Empezaba una conversación de más de un siglo entre un pueblo y una pelota. Una conversación hecha de derrotas, milagros, barrios, exilios, madres esperando, chicos jugando descalzos y hombres grandes que todavía cerraban los ojos durante los penales.

"Diego", preguntó Leo, "Decí, estás el paraíso ¿verdad?"

"En el Paraíso Pulga"

"¿Y cómo es allí?" 

"Huele a pasto recién cortado. Siempre. Hay una cancha que no termina nunca. La pelota jamás pica mal. Y el sol tiene esa hora eterna de las seis de la tarde. Jugamos todos los días. Con el Flaco, con el Negro, con el Bocha... con todos. En el paraíso metés un gol, y esa sensación de un segundo, allí dura para siempre. "

Leo sonrió. "Entonces... debe ser perfecto". 
Diego se quedó callado.
¿Y extrañan?" volvió a preguntar Leo.  Diego negó con la cabeza.
"Todos los días".
"¿Qué le falta?"
"Extrañamos los Mundiales, Pulga. Hay 5 minutos antes de un mundial, donde un hombre entiende exactamente para qué vino a la vida."
"¿Y Ustedes nos ven?"
"Todo el tiempo"
"¿Y qué decís cuando perdemos?"
"¿Perder? Pulga, aquí nunca se pregunta cuanto salió el partido. Se pregunta si fuiste vos. En el cielo no se mira el marcador. Se mira a los ojos".

Diego entonces le acomodó el cuello de la camiseta. Como un padre acomoda la corbata en un casamiento. Como un abuelo acomoda una bufanda antes del invierno. Como una madre acomoda el guardapolvo de su hijo el primer día de clases.

Y antes de dejarlo ir le dijo:

“Pulga,  andá... Jugá como juegan los chicos. Con alegría. Con coraje. Con esa inocencia que todavía les gana a todos los dolores. Nosotros vamos atrás tuyo. Todos. Los que estamos. Los que ya no están. Los de aquellas islas donde el viento nunca termina de callarse.

Cuando suene el himno, no mires la tribuna. Mirá un ratito para el sur. Muy al sur. La revancha dura noventa minutos. La memoria dura para siempre.

Cuando pises el césped, caminá despacito los primeros metros. Porque abajo de ese pasto venimos caminando todos. Porque cuando la pelota empiece a rodar...ya no va a ser tuya, será de todos. Querela como la quiso el primer pibe que la pateó descalzo en un potrero.

Y después, Ganá. Ganá por ese pibe de ocho años que mañana va a salir al recreo creyendo que cualquier sueño es posible. Ganá. Porque los ingleses podrán contarlo, pero nosotros necesitamos poder recordarlo. Ganá porque a mí me tocó enseñarles que los milagros existían. Y a vos te toca enseñarles que todavía existen”.

Diego lo dejó avanzar unos pasos.

Pero, justo cuando Leo estaba por entrar en el túnel, volvió a llamarlo.

“¡Pulga!” Leo se dio vuelta. “Una cosa más. Vos jugá, como sabés. Y confiá. El resto..., el resto lo haremos nosotros desde la tribuna del cielo"




miércoles, 29 de abril de 2026

Para mí poetry Slam


Amor, como podría explicarte hoy que…

Vuelvo a empezar. 

Repito. 


Amor, no soy la piensas que era. Ni la que ves ni la que será. 


Tampoco. 



…Amor poner un límite no es ponérselo a otro es ponértelo a ti.


No era así.


Respiro

Retomo.


El mayor acto de amor que puedes hacer por la persona que más amas en el mundo es amarte a ti mismo y priorizarte y cuidarte y…


Tampoco. 


Empiezo sencillamente con un:


Soy.


Sencillamente

Conscientemente

Sabiamente.


Pero no.

No soy la que habla, la que piensa, la que calla o conversa. La que miente la que siente o la que juzga fríamente. No soy cuerpo no soy mente no soy voz ni lenta ni urgente. No soy sabia ni demente ni pasado soy presente que respira se inspira que se expande y se imagina que soy cualquiera de mis opciones sin tener en cuanta opiniones de un juicio que está en mi cabeza que nunca me embriaga la pereza de juzgar cada paso que doy.


Soy. 

Soy observador, no personaje. Qué digo observador. Soy la observación de este paisaje. Soy más allá del jugador que decide. Soy la conciencia que lo observa y permite. Soy creación en movimiento. Soy presencia soy aumento unidad e universo. Soy canal para este verso que no sé quién ahora escribe porque no soy yo. 


Quién prohíbe

Quién impide.


Quien expande, ama y elije

Tener la responsabilidad de jugar a ganar en esta vida. A morir y a renacer desde el primer día. A amar. A amar de verdad y no como en el cine. A amar dando sin esperar recibir, a amarte a ti así, amando sin correspondencia sin prisas y con presencia a amar por el mero hecho de amar cada centímetro de la piel tuya, amar a tu ego, tus diablos y tus locuras. Y amar al prójimo asi, después de amarte a ti mismo. Amar como prueba de psiloxismo, amar 540 y más, amar justo debajo de la paz. Después del abismo. Amar Hawkinianamente y amar la oscuridad, el miedo, la culpa y atravesarlos lentamente para entregarte al amor hasta la muerte rindiéndote en su absoluto como mayor gesto de amor. Amar el perdón. Amar el deseo. El coraje la ira el miedo. Amar todo aquel que no sabe amar y lastima primero. Amar. Sencillamente. Como un sabio. Como un viejo. Como un niño. Como un viudo. Como un soltero. Amar desde las entrañas mismas del amor donde se forja el hierro de los amantes incondicionales y sinceros. Amar como amor primero, como podría yo explicarte que… no soy lo que piensas que era ni la que ves ni seré. Porque todo es un argumento que he construido en mi cabeza para darle sentido a todo esto que no tiene ni cabeza ni pies, pero es mi verdad absoluta, por la que, por siempre, moriré.  

¿Amor incondicional?



Si yo diera por válido que existe el amor Incondicional, crearía, por sencilla lógica de la frase, en un amor condicional. Pero. Yo pienso. Yo creo. Que el amor condicional no es amor. Yo. Creo. Que el amor condicional no existe, ya que no es. Por lo tanto el incondicional carece completamente de objeto. 


Ya que amor, el amor verdadero, (y no las falacias intrusivas del verbo que pretender llamarse lo que no son) es dar sin esperar nada a cambio. Amar es ofrecer sin obligar a aceptar. Amar es el acto de libertad más puro y pleno que tenemos los humanos. Si yo te amo, te amo ahora y después. Independientemente de ver mi amor correspondido. Independientemente de que me hayas elegido. O bien de que, a continuación de elegirme, en tu esplendorosa libertad, no te dediques a escogerme algún día. 


Amar es expansión. Es el opuesto al miedo. Es vibrar allá a lo alto, a la par de la paz. Amar es entender tanto… que ahí reside, básicamente, nuestro principio y final.  

domingo, 1 de marzo de 2026

Recordando quien soy. Mi pequeño (gran) reto diario.


No soy la ola, no soy la nube, no soy la tempestad. No soy la partida, ni soy el personaje, ni la ficha, ni el que gana más. No soy creencia que me limita o me define. Ni la voz que me juzga cuando fallo, cuando deseo me eliminen.

 

No soy mi mente, no soy la emoción. No soy ni el policía ni el ladrón. No soy dolor, sufrimiento, ninguna de aquella identidad. No soy nada de eso que me afecta, de todo eso que viene y va.

 

No soy mis palabras, ni mis pensares, ni mi malestar. No soy mi piel ni mi cuerpo ni mi forma de actuar. No soy mi ego, ni mi orgullo, ni el que quiere más. No soy deseo, vergüenza o culpa, ni duelo, ni ansiedad. Ni siquiera soy la que escribe estas palabras, soy un canal a través del que todo esto se puede plasmar.

 

La vida es, sencillamente. Y en ella soy. Soy océano, soy cielo, soy mar. Soy jugador, conciencia, unidad. Soy observación. Soy energía, amor en expansión. Soy poder, soy presencia, soy paz. Soy el sol, soy la vida, SOY.

 

Cuando vibro algo, todo fluye bien. Soy alma eterna que siempre está. Soy tú, eres yo, y el fuego encendido en suspensión. Soy conexión en constante expansión. Cada contrariedad es preparación. Cada partida es entrenamiento. Y agradezco y confío de cada momento. Quién va a saber más, ¿la vida o yo?

 

En coherencia vibro mejor. En persistencia me expando en amor. En sostenimiento, consigo la acción. En genuinidad se eleva mi intención. Yo primero. No es egoísmo. Es la ley número 1 del universo. Si yo me cuido y me amo, podré desbordar amor. Si me culpo y me maltrato, maltrataré todo a mi alrededor. Si estoy vacío, juzgaré. Si estoy perdido, perderé. Si recuerdo quien soy volveré a esa unidad. Y como un faro, al servicio de un bien mayor, podré iluminar.

 

No soy la ola, soy el océano. No soy la nube, soy el universo entero. No soy la tempestad, soy el cielo. No soy la partida, ni soy el personaje, soy el jugador. Soy el que observa el jugador. Soy la observación del que observa lo anterior.

 

Soy amor en paz. Y en constante expansión.

martes, 30 de diciembre de 2025

Ilusión nueva


¿Quién escribe cuando escribo? 

Dime amor, ¿Quién escribe cuando escribo yo? Las llamaron musas, lo llamaron inspiración. Se habló de ser un canal de lo divino, del genio, de la iluminación.


Este flujo. Este furor. Este éxtasis.


Lo cierto es que todo ocurre, sin resistencias. Pero créeme amor, no soy yo esta, no me alabes, no me admires, por todo lo que habita en mí, en una experiencia que poco tiene que ver con mi insistencia. No te lo sé explicar bien amor. No me tildes de loca. Sencillamente fluye. De mi pluma. De mis ojos. De mi boca. 


Y no sabría decirte amor, de corazón te lo digo, quien escribe todo esto, cuando yo escribo.


(Clío, Euterpe, Talía o Melpómene.Terpsícore o Erato. Poliminia, Urania o Caliope.)




sábado, 8 de noviembre de 2025

Ilusión eterna.

Y sé que, (porque los tendréis) tendréis desamores. Que todo lo que os pueda decir yo, no servirá de nada. Y sé que, (porque las tendréis) tendréis noches oscuras del alma - noches oscuras del ego-. Y que todas mis palabras serán desafortunadas. Y sé que seré una antigua, una pesada, una ridícula. Y sé que no siempre nos entenderemos, que no siempre estaré acertada, que iré con mis consejos o demasiado tarde en tiempo, o demasiado acelerada. 
 
Y sé que me haré discreta, pequeña, invisible delante de vuestros camaradas. Y sé que dejaré de poder comeros a besos en el colegio, a la entrada. Y sé que los te quieros que ahora demandáis, os avergonzarán dentro de nada.
 
Mis hijos, hijos de la vida. Sé que soy una madre prestada. Hijos que nacieron de mis entrañas, y que tengo el enorme privilegio de abrazar fuerte cada mañana, de alimentar, de acostar, de ver dormir, de cuidar. El milagro de haberos dado vida, para que me enseñéis a amar de verdad. Y de la única forma acertada (como nunca imaginaba). Intentaré enseñaros todo lo (poco) que yo aprendí, y sé será de forma torpe e inadecuada, y que solo lo llegaréis a comprender cuando cuando yo ya no recuerde nada.
 
Y sé que os esperaré desvelada. Que me preocuparé de forma inútil, que os leeré de arriba abajo sin palabras, con la mirada. Sé que un día partiréis, a vivir vuestra increíble vida, creciendo y ascendiendo, vibrando bonito, siendo mi misión ser una madre amorosa, eterno hogar para vosotros, y desapegada. 
 
Hasta entonces prometo andar a vuestro lado, ser vuestra fortaleza, ayudaros a construir la interna vuestra. Hasta entonces prometo hacer crecer vuestra mente, vuestro físico, vuestras emociones, y vuestra alma. Hasta entonces prometo  caminar a vuestra altura, sin juzgaros, sin transmitir mis estúpidas creencias. Hasta entonces prometo ser el ser más excepcional que haya pisado esta tierra, referencia de bondad, paz, integridad y tener el más bello lenguaje de amor. Hasta entonces prometo poner bajo vosotros muros incondicionales de paz y haceros crecer enormes alas, para volar curiosos hacia todas las tierras de vuestro infinito potencial. 
 
Hijos que me esta prestando esta deliciosa vida. En el milagro de ser una madre eterna.
 
Gracias. 

Ilusión 06565321


Si. Sé que duele. Pero. He decidido no sufrir. He decidido entregarme de pleno. Transitar todo lo que debo. He decidido aceptar. He decidido entregar. He decidido soltar para, una vez el trabajo hecho, crecer y mejorar. No me asusta. Entre amor y miedo, elijo siempre amor. Y abato todas mis creencias limitantes que definen lo que pienso, lo que creo o lo que soy. Porque soy un ser infinito y brillante. Porque soy la vida en unicidad con el Universo. En unicidad con lo que, con quien lo creó.