Buenos días trabajo duro;
Reconozco que, como casi siempre, mi padre tenía razón. Tú nunca fallas. Nunca me fallaste. Nunca me fallarás. Al revés, me salvaste cuando me agarré a ti. En más de una ocasión. Siempre cumples lo que prometes. Y eres simplemente el resultado de mi esfuerzo. Sin que ninguna otra variable se cruce entre nosotros dos. Por eso te amo. Y te lo agradezceré siempre. Nunca me esconderé de ti. Ni te negaré. De hecho, te estoy esperando. Dónde estás, dime. Te necesito. Ahora.
domingo, 8 de marzo de 2020
sábado, 22 de febrero de 2020
viernes, 19 de julio de 2019
Tú exactamente así
Si quieres podemos hablar de ingeniería astral, del lugar al que me lleva tu abrazo, de los latidos de la luna, de los viajes que harás sin mí a tu Argentina o a alguna isla brasilera, de mi adiccion a tu boca, o de las noches que pasaré con frío después de ti.
Si. En mi alma llueve a veces. Pero no te preocupes, no sentirás frío. Ni pena. Es para regar las tierras de mi pecho. Mi jardín y sus frutales. Y todo lo que llevas sembrando en mi.
Y cuando te pierdas, (porque te pierdes a veces) avanzaré hacia ti junto a Maradona y a los uruguayos de tu Eduardo Sacheri. Junto a los once: Máspoli; González y Tejera; Gambetta, Varela y Rodríguez; Ghiggia, Pérez, Migue, Schiaffino y Morán. (Esos uruguayos del Maracaná del 16 de julio de 1950 ahora también me sirven de talismán).
Avanzaré para marcar el mejor gol de la historia. Para dejarte el más bello de tus tatuajes. Y que por arte de magia, embrujo o simplemente de la forma más natural, sea de verdad un para siempre.
Te juro que vale la pena caerse y romperse las alas.
Si. En mi alma llueve a veces. Pero no te preocupes, no sentirás frío. Ni pena. Es para regar las tierras de mi pecho. Mi jardín y sus frutales. Y todo lo que llevas sembrando en mi.
Y cuando te pierdas, (porque te pierdes a veces) avanzaré hacia ti junto a Maradona y a los uruguayos de tu Eduardo Sacheri. Junto a los once: Máspoli; González y Tejera; Gambetta, Varela y Rodríguez; Ghiggia, Pérez, Migue, Schiaffino y Morán. (Esos uruguayos del Maracaná del 16 de julio de 1950 ahora también me sirven de talismán).
Avanzaré para marcar el mejor gol de la historia. Para dejarte el más bello de tus tatuajes. Y que por arte de magia, embrujo o simplemente de la forma más natural, sea de verdad un para siempre.
Te juro que vale la pena caerse y romperse las alas.
domingo, 19 de mayo de 2019
Mi imaginación y yo un 18 de mayo
No quiero escribirte porque te quiero, escribir. Y no quiero decirte nada porque quiero decirte mucho. Como por ejemplo, que siento que necesito conocerte. Conocerte de cerca, desde dentro, desde lejos. Necesito conocerte desde todos los lados posibles. Desde todos los ángulos trazables. Desde la noche para ver en qué sueñas. Desde el alba para ver cómo te despiertas. Desde lo invisible para saber cómo actúas después de vernos. Desde a tu lado, para saber cómo actúas a mi lado. Y lo que cambias. Y lo que no.
Vamos avanzando mi imaginación y yo. Hoy te toqué el hombro. Y te duchaste en mi casa. Y dejaste una toalla que olía a ti.
El caso es que yo estaba muy concentrada en mi mundo en soliloquio con mis cachorros, mi nido, aparcada cualquier posibilidad de compartirlo con alguien.
Pero apareces tú después de haber aparecido (no recuerdo cuál es el momento exacto de la sacudida, si fue el primer tenis, si fue en el medieval, o si fue mucho antes, en aquellos días en los que a la salida del cole te sentabas a la sombra de algún árbol, riendo, los ojos mirando tu pantalla de móvil mientras alguna chica de la que estabas enamorando te escribía wasaps).
El caso es que mi imaginación y yo llevamos unos días que no conseguimos dejar de pensar. ¿Es posible que sin quererlo nos hayas embrujado? Un ramillete de orégano, unas hojas de laurel, una pizca de albahaca, y un pétalo de aquella rara flor de una montaña alta,... tan difícil de encontrar. Y ya. Sin darte cuenta de un día a otro nos tienes a mi imaginación y a mi caladas hasta los huesos. Como la lluvia de Cortázar después del concierto.
Y mi imaginación y yo empezamos a fijarnos en cosas tuyas. En tus ojos salvajes. En tu pelo. En tu cuerpo. En tu piel. En tus dibujos a lo Maoui. Y queremos saber exactamente cuales tienes, dónde y por qué. (Hoy mi imaginación y yo también hemos avanzado porque me has contado un poco). E imaginamos que si, que podrías ser vikingo. Y observamos tus distintas formas de sonreír, de mirar, de caminar, de ponerte en pie.
A mi imaginación le encanta imaginar. Por ejemplo, que abriste antes la puerta pero la cerraste y esperaste para salir del cuarto de la ducha a que yo estuviera delante. O que me puedas encontrar algo atractiva e interesante. Es una posibilidad irreal fruto de mi imaginación. Pero ahí estamos, mi imaginación y yo reviviendo y repasando instantes para volar un rato. Ya sabes, me encanta la ciencia ficción.
Por esto te decía. No quiero escribirte porque te quiero, escribir. Y no quiero decirte nada porque quiero decirte mucho. Como por ejemplo, que acabáis de marcharos y ya te estoy echando de menos. Y que me encanta pasar tiempo a tu lado. Y leerte en mensajes. Y verte aparecer corriendo y saltando. Siempre sonriendo. Y tenerte en casa como si fuera lo más natural del mundo. Y que. Me encantaría ir a ese cine contigo. Y cenar con vino Y reírnos mucho.
Y que mi imaginación se vaya a dar un buen paseo largo. Para tenerte enfrente, tú para mi sola. Solos tú y yo.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Buenos días primavera.
Buenos días primavera. Te esperaba en abril. Pero me ha
alegrado verte. En un diciembre así. Buenos días primavera. Traes eucalipto y jazmín.
Hueles bien. En casa hiela. Te vas a divertir. Buenos días primavera. Te esperaba
en abril. Novia mía. Noche en vela. Abrázame fuerte. Y. Cuando no sepa quererte.
Por favor. Quiereme tú a mí.
No, yo tampoco escribo
No, yo tampoco escribo. Tampoco soy escritor. Hace algún
tiempo, allá cuando no existían vacunas, lo reconozco, contraje la enfermedad.
La de escribir digo. Pero después de unos años de fiebres y desajustes, después
de una catarsis en forma de una decena de novelas, veinte opúsculos, cien mil
relatos, doce cuentos y veintidós poemas, me curé. Soy pues un superviviente a
lo Rick de the Walking. Si que leo, sigo leyendo. Leo nunca. A veces nada. A
veces posando en páginas de serigrafías extrañas las órbitas de mis ojos que
viajan a nunca jamás para traer ideas más histrionicas que las de mis pequeños.
Porque quiero que ellos sí que sepan escapar de esta realidad para viajar entre
sus cuentos. No los quiero vacunar. Ya no creo en estas medicinas modernas. Y que ellos sí que sepan escribir. En los
días buenos. En los malos. Con musas. Sin ellas. Que perseveren. Escribiendo
una palabra. Y luego otra. Adentrándose en ese tobogán. Esa montaña rusa.
Llegando a ese muro de piedra hecho sin mortero y tallada de la mano de Neil Gaiman. Rodeada de un vergel, que te
avisa del final de tu mundo conocido. Del inicio de aquel nuevo mundo
completamente nuevo, completamente mágico que se despliega ante ti. Y como
saliendo de una miel celeste, te adentras en él como la única posible realidad.
sábado, 16 de septiembre de 2017
Me preguntas quién soy
Me preguntas quién soy,
Pregúntame de donde vengo.
Pregúntame lo que hecho.
Pregúntame dónde voy. Lo que quiero alcanzar.
Lo que he conseguido.
Pregúntame lo que he sido. Y de lo que me arrepiento.
Me preguntas quién soy.
Pregúntame lo que amo. A quién amo. Lo que he perdido.
Pregúntame lo que he temido. Lo que todavía hoy temo.
Pregúntame lo que ves. Lo que he visto. Lo que veo.
Pregúntame lo que creo.
Pregúntame lo que sueño.
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