viernes, 7 de octubre de 2011

La isla de mañana IV

Está bien.

Te has levantado dispuesta a matar esto. Es lo que tienes. Sólo tú tienes estas cosas. Te levantas flotando sobre el aire. Te desplazas levitando. Te mueves por nuestra habitación envidiada por las dríadas.

Sólo tú,
sólo,
te levantas y enciendes el sol.

Hoy te has levantado para matar esto.

Te
he
dicho.

Aunque hayas sido la primera. Aunque hayas sido amor.

Ni siquiera he visto lo alto que puedes llegar a volar. Ni siquiera he visto lo alto que puedo llegar a volar.

A tu lado.

Nos has impedido. Con tus palabras.
No más metáforas, amor. Es demasiado duro el silencio para soportarlo. Te lo dije. Ese silencio no, nunca. Nunca se me ha dado bien.

La tibieza del mar daliniano en el que un día perdí mis ojos se detiene a mirarte. Yo, te haces cargo, sigo entretenida en la orilla buscando cantos rodados y caracolas.

Para enseñarte.

Algún lugar en el que escondernos.

Algún lugar que murió en ti y en esos amores suicidas de otoño.

Donde yace esa lengua que me robó tu mar. Ya no vuelve. Disecada en alguna otra orilla. Abandonada. En alguna isla. Sin atlas de mar. Sin compás de arena.

Nunca volverá siempre, como me decías, dulce, mojada, indemne, herida por la luz.

Se apaga el mundo.

No temas por mi.
Aprendí la forma de la noche en tu cuerpo.

Está bien.
Apaga el sol y ven amor.
Ven hoy a destruirme, como siempre.


lunes, 26 de septiembre de 2011

La isla de mañana. III

Hoy la savia del viento acaricia mi cuerpo romo. Este cuerpo que basta para medir el vértigo y los abismos. Al que enseñaste con tus manos de hiedra, la noche y los arpegios del alba cuando todo el horizonte se suicida, y sangra, ante tu dulce forma de gemir, como lo hicieran todos aquellos atardeceres de pura envidia…

Hoy me dices “sabes, te entiendo”, y pronuncias de nuevo unas palabras que no se aplican al sentido de todas estas noches en las que no me he podido acercar a ti ni siquiera como en la historia del erizo que tomó Freud de Schopenhauer. Y me miras, y sonríes. Y entonces comprendo que tu idioma nunca es el mismo idioma y que la fe que te profeso limita en el infinito de todas las fes. Que se quema en mi pecho página a página tu libro sagrado, a la vez que lo reescribes con la tinta densa de sangre y cenizas.

Ignoras este paisaje desolado.

Ahora sólo te preocupa reescribir otra religión y que yo, pobre loca, comulgue.

Y sigues empeñada en mi pecho.

Lo haces, continuamente, arder.

“Te entiendo”, me dices en tu nuevo idioma… Y vete tú a saber lo que quieres decir. Creo. Te creo. Y mientras, me dejo morder los pezones como una gata en celo. Tú dibujas en mi espalda con la esquirla de tus dedos las esquelas de los laudes, que confundiré con geografías y argollas de esas puertas que soñé abrir.

Tu idioma nunca es el mismo idioma. Y me vuelves a hablar. A escribir. Utilizando esas palabras que quieren decir tantas otras cosas que me hieren y me nutren. Palabras de sangre y ceniza que alimentan a una loca enamorada que no sabe ya en qué creer, mas que en la atalaya de tu quiebro, en la lluvia de tu amor y en tu rutilante sonrisa.

“Te entiendo”.

viernes, 19 de agosto de 2011

Pour me comprendre

Pour me comprendre,
Il faudrait savoir qui je suis.
Pour me comprendre,
Il faudrait connaître ma vie
Et pour l'apprendre
Devenir mon ami.
Pour me comprendre,
Il aurait fallu au moins ce soir
Pouvoir surprendre le chemin d'un de mes regards
Triste mais tendre, perdu dans le hasard.

Je l'ai connue toute petite
Dans les bras de sa grande maman.
Dommage, dommage.
J'aimais tellement son visage.

Pour me comprendre
Il faudrait savoir le décors
De mon enfance,
Le souffle de mon frère qui dort,
La résonance de mes premiers accords.
Pour me comprendre
Il faudrait connaître mes nuits.
Mes rêves d'amour.
Et puis mes longues insomnies.
Quand vient le jour,
La peur d'affronter la vie.

Il y a peut être quelque part
Un bonheur dont j'aurai eu ma part.
Dommage, dommage.
J'aimais tant certains paysages.

Pour me comprendre
Il faudrait la connaître mieux
Que je ne pourrai.
Il faudrait l'aimer plus que moi
Et je vous dirai
Que je n'y crois vraiment pas.
Pour me comprendre
Il faudrait avoir rencontrer
L'amour le vrai.
Vous comprenez le grand amour.
Et savoir qu'après
A quoi sert de vivre encore un jour...


Merci, Véro&Viol... pour ce 4 Aout 2011... a San Agustín.

jueves, 4 de agosto de 2011

Esto no es una ilusión...

Llueve en mi espalda perlas de los colores de la escala cromática que tienen los nogales telúricos de tu molino. Se escurren al toparse con el contacto de mi piel, país de agua, que intenta recordar vanamente la suavidad de tu isla.

Mi piel conoce tu piel de memoria. De una manera onírica, de una manera venérea, de una manera ignota, de una manera absurda, de la mejor de las maneraAñadir vídeos.

Adoro mi espalda porque es fuerte. Es recta. Está fortalecida. Son años y años de arduo trabajo y tesón.

Y hoy… esta espalda que adoro, y que todo lo puede soportar, recibe sin embargo de tus manos en ella perdidas, la mayor de las dulzuras bajo las que, con todo lo que es ella, (ella es tanto y tanto…) empieza a temblar…

Esas manos, luego van y te cuentan historias de un mundo que solo existe donde estoy yo. Un mundo donde rompe el mar al borde de mi pecho. Un mundo donde me dices a mi, y solo a mi, cosas más allá de todo esto que no amor... Que no desvelaré jamás.

domingo, 24 de julio de 2011

Borges...



"Es el amor. Tendré que ocultarme o huir."

El amenazado. Jorge Luis Borges.



Ilusión 1.010

Sin tú saberlo, me prestaste los pétalos de tus manos, la niebla de tu aliento, y como lo hicieras al endeble gorrión azotado por la tormenta, refrescaste mis patas con las gotas de rocío que emanaban de tu pecho. Me acogiste en los rincones de una exótica flor hasta hoy desconocida. Y entre tus manos me diste de beber, de comer, para nutrirme mientras dibujabas esas geografías en mi espalda que solo saben leer los amantes.

Sin tú saberlo, como el más cuidado de los tropos, tus ojos untaron mi cuerpo sin palabras, y una oración cubrió mis heridas cual sábana de pureza en la que se transformó mi cuerpo entero.

Si tú saberlo, te convertiste en mi oración de todas las noches. En mi credo de todos los días. Y mi temblorosa piel, encontró entre los pliegues de tu alma nuevas delicias y los mil y un secretos nunca antes revelados.

Sin tú saberlo, me encogí en la palma de tu mano, dejando fluir esa voz tan tuya a la que me acostumbré, que me susurraba islas infinitas y atardeceres de mirra y oro, consiguiendo convertir mis cráteres en geodas rebosando racimos de lunas que habías hecho traer solo para mí.

Sin tú saberlo, me te convertiste en el bálsamo redentor de mi dolor eterno. Ungiste mis alas de tu inmensa forma de amarme, como jamás antes lo habían hecho. Una forma infinita.

Y volé.

Fue entonces que me escupiste algunas de esas palabras, transformándolas en otras tan distintas… Es entonces cuando me proferiste el mayor de tus insultos: “cobarde”.

Sin tú saberlo, me devolviste a la vida, serena, erguida… Y lo sé. Sé que todo ha sido, sin tú saberlo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Ilusión... ¿o falla...?

« Fragment 397
L’homme n’est qu’un roseau, le plus faible de la nature ; mais c’est un roseau pensant. Il ne faut pas que l’univers entier s’arme pour l’écraser : une vapeur, une goutte d’eau, suffit pour le tuer. Mais, quand l’univers l’écraserait, l’homme serait encore plus noble que ce qui le tue, puisqu’il sait qu’il meurt, et l’avantage que l’univers a sur lui, l’univers n’en sait rien. Toute notre dignité consiste donc en la pensée. C’est de là qu’il faut nous relever et non de l’espace et de la durée, que nous ne saurions remplir. Travaillons donc à bien penser : voilà le principe de la morale. Roseau pensant. — Ce n’est point de l’espace que je dois chercher ma dignité, mais c’est du règlement de ma pensée. Je n’aurai pas davantage en possédant des terres : par l’espace, l’univers me comprend et m’engloutit comme un point ; par la pensée, je le comprends".
Pascal, Pensées 1670.











Visto lo visto, estando las cosas como están, andando el tiempo como anda, y todas esas frases hechas que se utilizan para denotar la inexcrutable fuerza de un destino que nosotros mismo trazamos de forma inconsciente para, acto seguido, precipitarnos al abismo dibujado, no me queda otra cosa que transcribir, uno de los increíbles párrafos del que últimamente cayera entre mis manos, cual cofre del tesoro, rebosante de diamantes, caracolas, olas implacables, fondos marinos y sonidos de mar.

« Bonenfant abrió los brazos y los dejó caer con un gesto de desesperanza. « Ha leído usted a Freud, querida ? Oh, si, seguro que si, qué estupidez de mi parte preguntárselo. Pues bien, durante muchos años, me resultó difícil concebir por qué razón un hombre como él, que tanto había hecho por la evolución de nuestro oficio, porque renuncio a calificar la psiquiatría con el nombre de ciencia, terminó sus días envuelto en un pesimismo tan denso que no merece otro adjetivo que el de antropológico. A estas alguras, sin embargo, lo entiendo perfectamente. Cada vez que he creído hacer algo por alguno de mis padientes » dijo Bonenfant destripando del todo el manojo de lavanda y arrojándolo al césped, « he tenido la oportunidad de desengañarme. Más tarde o más temprano, todos y cada uno de nosotros, créame, incluso los más fuertes, se rompen y vuelven a romperse por el mismo punto de fractura, y creo sinceramente que es más fácil girar con los dedos una goleta mercante que ponerle remedio a esta curcunstancia. Tácheme usted de escéptico, o de fatalista, pero le diré que estoy plenamente convencido de que, quien más quien menos, venimos al mundo con determinadas taras estructurales y de que basta con exponer una tara a las curcunstancias propicias para que florezca y se desaroolle a sus anchas. Ponga usted al servicio del paciente todos los útiles a nuestro alcance y no conseguirá mucho más que si construyera una pared para contener el Atlántico. Yo mismo soy medianamente proclive a la melancolía, me afecta la caída de la luz, soy, permitame la confidencia, demasiado sensible como para que mi carácter resulte del todo viril y créame que, por muchas disciplinas que me haya impuesto, y por muchos que hayan sido los arneses en los que he intentado embutir mis pobres carnes, mi naturaleza ha venido puntualmente a traicionarme, sin que, como decía Sthendal, haya aprendido de los males otra cosas que la penosa obligación de convivir con ellos, y, con el paso del tiempo, una cierta destreza para dominarlos »....


Fragmento de
"Cuatro cuentos de amor y el intocable absurdo",
Inés Marful.
(de, sin duda, recomendable lectura)






... Y dime, Pascal, ¿ es realmente la naturaleza, primero, un hábito... ?