jueves, 9 de julio de 2015

Ilusión 67.366

 
Hoy hace un año.
Parece haga diez. Parece fueron dos meses. Una semana. Un día. Una hora tal vez.
Desde aquel hermoso rostro. Iluminado por tu lumbre. Dicen la noche confunde. Pero nunca nadie fue más fiel. (Yo sigo con tus alas pintadas). Hoy hace un año. Parece haga diez. Desde que no te he vuelto a ver.
 
Tú no andabas, levitabas.
Cada vez que aparecías, me flaqueaban las rodillas, de pura turbación. Creía verte en cada rincón. Yo siempre con la respiración entrecortada. En la garganta el corazón. Con el más ardiente deseo, la más paciente impulsión. Verte liberaba lo más escondido de mi interior. Fuiste la criatura más perfecta que nunca soñé. Pero, no me enamoré
 
No eras común, eras maga.
Todos mis amaneceres los creabas, con ese pincel personal. Me enseñaste a elevarme a volar. A ser cómo tú lo eras, mi permanente, tu incondicional. Y contamos todas las estrellas del cielo. Una a una me las entregaste desde tus dedos. Y me apropié de todo aquello que existía dentro de ti. Fui la más amada. La más feliz. Envuelta en la perfección que nunca imaginé. Pero, no me enamoré.
 
No sonreías, reías a través de los cielos.
Recordarte reír como solías hacerlo, me vuelve a estremecer. Mi corazón dejaba de serlo para irse a morir junto a ti. Era algo ajeno a mí. Y yo vibraba al verte reír, al compás de un violín junto a su violoncelo. A mis pies se rendía el mundo entero. Sólo tú lo conseguías hacer. Pero, no me enamoré.
 
No me besabas, me inundabas entre arpegios de auroras infinitas.
Entre todas las palabras secretas y las miradas nunca dichas. Para volverme a pintar las alas todas las mañanas, con el cuidado de un excelso luthier. Eras todo lo que en mis sueños ansié. Pero, no me enamoré.
 
No me amabas, hacías lo que las olas a la arena.
Como si todas las noches fuera luna llena, e in crescendo se aumentara tu temporal. De ese modo tan especial me repetías tus palabras al oído. Esas que nunca yo había oído. Que me hechizaban y emborrachaban. Embrujada por ellas, regías mis días. Y me arrojabas a tu abismo al revés. Pero, no me enamoré.
 
Eras fuego, apasionada.
Eras dulce y determinada. Eras fuerte y preciosa. Olías a mayo y fresas rojas. Tenías la piel de seda, confidente de las estrellas. El Universo era tu aliado. Eras el ser más bello del futuro presente y pasado. Era delicioso ver tu cuerpo esbelto, dorado como un desierto, todo a lo largo de mi cama estirado. Y tu cabello en mi almohada desplegado. Recuerdo cómo era cuando todo en mi interior se irradiaba al a tu lado amanecer. Pero, no me enamoré.
 
No vivías, eternamente jugabas.
Con la inocencia de una chiquilla brillabas y bailabas. Con aquel entusiasmo tan genial en el que a todos arrastrabas. Y esa transparente naturalidad en la que me envolvías. Vida en su pura esencia, me estremecías. Y me encantaba observarte en silencio, deseando que yo, a tu lado tan aburrida, te gustara un poco más cada día… tanto te admiraba. En mi espina dorsal te incorporé. Pero, decía, no me enamoré.
 
Hoy hace un año.
Parece haga diez. Parece fueron dos meses. Una semana. Un día. Una hora tal vez. (Yo sigo con tus alas pintadas). No he dejado de pensar en ti ni un solo día de estos 366. Pero, no me enamoré.
 
 

miércoles, 3 de junio de 2015

Ilusión 66.003

Yo… Si yo fuera un hombre, sería Capitán. De tu velero de madera. Te llevaría a navegar. Yo… Si yo fuera un hombre, tendría esa elegancia rara. La que es como de otro tiempo. Más fuerte que el ébano, por si llega el temporal, en mi te puedas apoyar todas las noches de invierno.
 
Yo. Te llevaría por los mundos. Saboreándote a cada segundo. Te haría el amor en las playas. Danzando en un abrazo, mi cuerpo en tu cuerpo lento, para explotar en tu dentro, y dormirme en tus brazos… hasta el amanecer.
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Yo…Si yo fuera un hombre, te diría palabras bellas, te haría reír mucho, sentirte bella, estar ahí arriba rodeada entre estrellas. Yo… Si yo fuera un hombre, te haría hablar y hablar, te miraría bailar y te amaría de nuevo al atardecer.  
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Hay que decir que han cambiado los tiempos. Las historias de amor anticuadas parece que sólo ocurren en pantallas. Y nos hemos vuelto ahorrativos. Egocéntricos y altivos. Es una pena, a mi me hubiera encantado más humor y más ternura. Y poder ser demostrativo. Dejarte pasar delante, llevar sombrero. Tomarte del brazo y que subas primero. Cada gesto aspirante de todo lo que te sé querer.
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Yo… Si yo fuera un hombre, sería Capitán. De tu velero de madera. Te llevaría a navegar. Yo… Si yo fuera un hombre, tendría esa elegancia rara. La que es como de otro tiempo. Más fuerte que el ébano, por si llega el temporal, en mi te puedas apoyar, en todas las noches de invierno.
 
 

 

jueves, 21 de mayo de 2015

Con las manos en la masa


 
"La cebolla siempre en aceite de oliva. Aceite del bueno. Que los otros los usan los guiris. Los he visto hasta poner aceite de girasol en la ensalada, ¿tú te crees?. Así mi vida. Remueve con la cuchara de madera. Así. Hasta que se haga bien, así, ¿ves?." Había hecho la picada de cebolla muy pequeñita, como todo lo que preparaba, con una facilidad increíble. Ella contaba que desde que tuvo a los niños se acostumbró a picar muy en pequeñito.
 
La cocina siempre olía deliciosamente bien. "Esto es cocina de la de siempre" decía ella. "Que esas nuvelcuisín te dejan con el estomago vacío y el bolsillo peor". 
 
Madre se ponía a cocinar todas las tardes, a la vuelta del trabajo. Y yo corría desde el colegio para ayudarla. Lo recuerdo sin duda como el momento más intenso de mi infancia. La gran cocina de la casa de piedra con de todo. Ordenadísima. Los pimientos colgando junto a los ajos y las sobrasadas. El estante de las especias. El bote enorme de madera con la sal. Me encantaba ayudarla. Que todo saliera bien. Que al final de la tarde y del trabajo Madre me sonriera tras probar el resultado y, orgullosa, me acariciara el pelo con sus manos de maga.
 
"No hay cocina difícil. Hay platos que se hacen rápido, y platos que se hacen lentos. Es cuestión de tiempo. Pero. Hasta un huevo frito lo tienes que hacer con cariño, vida. Siempre con la mayor dedicación. Y luego, todos los platos son sencillos". 
 
"Eso si, nunca cocines triste. Si estás triste te vas a por una pizza tarradellas o del fasfú. Que las lágrimas a los caldos no les va bien. Si han salido para fuera no te las vuelvas a meter en el cuerpo. Sería algo terrible". Nunca probé lo que ocurría al comer algo cocinado en ese estado, derramando lágrimas, pero pude leer al respecto... y efectivamente, no es recomendable.
 
La cocina tenía ese portón enorme y grueso de madera antigua por el que al atardecer entraban el olor de jazmín y los mil colores del cielo. Mientras se hacían los guisos en los fogones deprendiendo olores que me hacían la boca agua, Madre me mandaba a por laurel y yo corría al árbol y recogía la hoja perfecta como ella me había enseñado.
 
Un recuerdo. Un regalo. Soy incapaz de cocinar así, como lo hacía ella. Pero los momentos de cocina siguen siendo momentos de intensa felicidad gracias a esa infancia que me regaló con pedacitos de tarde. Ahora yo le explico a mi hija. "La cebolla siempre en aceite de oliva. Aceite del bueno. Así vida mía...". Y es que es verdad. Cuando tienes niños te acostumbras a picar muy en pequeñito.
 
 
 
 
"Siempre que vuelves a casa
me pillas en la cocina
embadurnada de harina
con las manos en la masa

niña no quiero platos finos
vengo del trabajo
y no me apetece pato chino
a ver si me aliñas
un gazpacho con su ajo y su pepino

papas con arroz, bonito con tomate
cochifrito , caldereta, migas con chocolate
cebolleta en vinagreta, morteruelo,
lacon con grelos, bacalao al pil-pil
y un poquito perejil

chiquillo que yo hice un cursillo
para Cordon bleu
eso ya lo se pero chiquilla
dame pepinillos
que yo los remojare
con una copita de ojen

papas con arroz, bonito con tomate
cochifrito, caldereta, migas con chocolate,
cebolleta en vinagreta, morteruelo,
lacon con grelos, bacalao al pil-pil
y un poquito perejil

papas con arroz,bonito con tomate,..."
 
Y esta maravillosa letra de voces que nos transportan,
 tenía que ser del Maestro Joaquín Sabina.

martes, 19 de mayo de 2015

Esto no es una ilusión


V I D A

S E R
Simplemente
un
A   P   A   S   I   O   N   A   D   O
de   la   V  I  D  A
y que se note en tus ojos.

Ilusión 62.032

 
 
Y comprendí que. 
Cada instante (re)cubre el mundo entero.
 


Hijos de Roxette

 
"Nunca hubiese escuchado Roxette si no hubiera sido porque la escuché, con 16 años, cantada junto a R., en uno de esos viajes a Valencia que recuerdo de forma intermitente. Si que recuerdo el momento de la canción. Y la rara sensación (rara por poco habitual), y que a mi, a partir de ese instante, me invadió algo nuevo. Mi hermano hace poco tiempo me dijo que empezó a escuchar Roxette en aquellos años porque oía que yo ponía el casette en mi cuarto todas las tardes. Y la novia de mi hermano se puso a escuchar al grupo hace poco porque él le regaló un CD con algunas de sus canciones preferidas, creando ese lenguaje privado que tienen de forma única las parejas con ciertas canciones.
 
Esta chica es la tía de una niña, que ahora tiene 6 años. Y que admira a su tía, y la imita en todo. Claro, ha escuchado a Roxette porque le recuerda los veranos en la isla en el mehari de la tía, cantando las dos a grito pelado mientras se dirigen a las playas a pasar ese tipo de días de ensueño que te regalan las vacaciones.
 
Eso explica que la criatura tararee letras de unas canciones que no son de su época como "it must have been love". Y de estos días a alguna parte, esa nena se enamorará y en plan retro le hará escuchar su canción a tal o cual persona que la hará suya a modo peculiar y así en una cadena sucesiva hasta que se difumine en un incierto horizonte de infinitas posibilidades y de más infinitas realidades que sucederán.

Pero mi pregunta es, sobre la que también tengo hojas y libros y tomos escritos. ¿Qué hizo que aquella chavala de 16 años se pusiera a escuchar Roxette, a aprenderse la letra de la canción, y a expresarla  junto a R. como si en ella se le fuera la vida, creando ese duende en la sala, expandiendo la emoción?

O más allá. ¿Qué hizo a Marie Fredriksson (o a Gessle) crear esa canción?. ¿Y qué bifurcaciones como la que acabo de escribir ahora, existieron y siguen vagando por un espacio que nadie se ha puesto a estudiar? Es un simple y llano ejemplo. Pero que me he apropiado, para explicar algo sobre "los hijos de Roxette" y la vida secreta de todas aquellas cosas. Los hijos de Roxette. No deja de ser una metáfora de cómo gira el mundo. De cómo la creatividad de algunos nutre a otros y a otros y a muchísimos más, sin ver nunca ningún final. "