martes, 22 de diciembre de 2015

Pequeño opúsculo de Navidad.

 
Ríe. Sonríete. Perdónate. Pide un favor. Muestra tu ardor. Apiádate. Asume. Ayuda. Camina. Expresa. Y Besa. Besa más. Besa mejor. Entrégate. Ten valor. Abraza. Abrasa. Arrasa. Rompe un mal hábito. Quédate sin hálito. Sube una montaña. Ensucia tus ropas. Limpia tu corazón. Cuestiona tu razón. Y lee un buen libro. Pinta un lienzo. Invéntate un cuento. Y cuéntaselo. Aupa a tu hijo. Sonríele desde dentro. Enséñale tu interior. Brilla. Baila. Canta.  Escucha a un amigo. Deja tu abrigo. Y pasa tú después. Inténtalo al revés. Ordena fotos viejas. Súbete a las tejas. Grita alto. Y fotografía el amanecer. Cumple tus promesas. Trasnocha una noche más. Emprende un proyecto. Cuida un huerto. Cree en ti como nadie jamás. Escribe tu diario. Da ese paseo largo. Viaja más allá. Y todavía más lejos. Ayuda a los viejos. Y al jóven dale un consejo. Elije un poema. Pierde tiempo observando. Sal a la naturaleza a pensar. Huele alguna flor. Da gracias al Sol. Abraza un árbol. Saluda a tu vecino. Brinda con buen vino. Agradece todo a tu familia, a tus amigos. Y por dios, apaga el televisor. Aprende aquello que siempre deseaste. Lista lo que lograste. Y lista lo que puedes mejorar. Y una tercera de donde quieres llegar. Equivócate de nuevo. Y saca todo lo bueno. Escucha la noche. Camina por la playa. Túmbate sin toalla. Observa los Universos. Analiza un bonito verso. Escucha lo que el silencio dice de ti. Vuélvete a definir. Haz sentir bien a la gente que te rodea. Ama como la vez primera. Respira profundo. VIVE. Y. Sé el centro del mundo. (Siéntelo)
 
Fotos de Elena Shumilova

domingo, 1 de noviembre de 2015

Ilusión 67.397 - Les amants

Nos amamos fervientemente. Fuimos llamas. Tú me encendías. Yo te incendiaba.

Nos amamos hasta arder. Fuimos el mismo incendio. Que todo arrasaba. Ahora somos hectáreas de tierras. Todas ellas quemadas.

Dalida "Il venait d’avoir 18 ans”.

Acababa de cumplir 18 años. Bello como Apolo, fuerte como el David. Era un verano, evidentemente. Y al verlo conté, lentamente, mis noches de otoño sin dormir. Mis amaneceres sin sol.

En un gesto automático, ordené mi pelo. Y yo que no me pinto nunca, me convertí en Donatello, y abordé mi pulso para bordear en un impulso negro mi mirada dominada, de repente, con un único pensar. El me miró y bromeó no sé con qué. Hubiera dado yo que sé por seducirlo yo primera.

Acababa de cumplir 18 años. Avanzó hacia mí como si aquella victoria fuera su mayor argumento. No me habló de amor en ningún momento. Decía, las palabras de amor son perecederas. Y el presente sin embargo, dura la vida entera. Me habló de amar por el gesto. Y me desabrochó las ganas, improvisó un lecho bajo la única noche estrellada, que se desplegó en un enorme cielo azul.

Acababa de cumplir 18 años. Aquello le hacía casi insolente. Desbordando tanta seguridad, intensamente. No me lo podía quitar de la mente. Bello como un Dios. Mientras se vestía y todo en su cuerpo ya no volvía. A pesar de que era lo que toda yo quería, no lo fui a retener. Sin hacer un gesto dijo “no ha estado mal”. Con un candor infernal, de su adolescencia.

En un gesto automático, ordené mi pelo. Y borré de mis ojos el color desbordado. Simplemente había olvidado, que tenía dos veces 18 años.
 
 

Versionando Loreto S.

Estaba loca, completamente loca,
Y reía tanto que te arrastraba a ti.
Era bellísima, con esa fuerza extraña.
Imposible dejar de mirarla, dejar de sonreír
 
Y bailaba frente a las vitrinas sin pudor.
Y cantaba en su coche mil color
Y salía. Y bebía. Y más bailaba.
Y luego no se acordaba de nada.
 
Cuando se iba te mataba.
Y te devolvía la vida al aparecer.
Estaba loca de cojones.
Si te tocaba, te abrasaba la piel.
 
Era dura. Era distante.
Era incluso arrogante.
Pero era dulce y delicada.
Y te hacia sentir deseada.
 
Dormía poco.
Amaba mucho.
Amaba más que los poetas premiados.
Más que en cualquier literatura.
Se enamoraron de ella las bestias. 
Se enamoraron los curas.
Amaba tan apasionada,
que sus víctimas jamás se recuperaban.
 
Era jodidamente ente perfecta.
Su único defecto era yo.
 

M. Sánchez versionada.

 

 
No, no quiero tu abrazo. Tu no sabes abrazar.
 
Para dar un abrazo en condiciones hay que haberlo extrañado mucho. Hay que haberlo extrañado bien. Los que nunca pudieron despedirse saben bien de lo que hablo. Los que nunca se atrevieron a pedirlo, también. 
 

jueves, 9 de julio de 2015

Ilusión 67.366

 
Hoy hace un año.
Parece haga diez. Parece fueron dos meses. Una semana. Un día. Una hora tal vez.
Desde aquel hermoso rostro. Iluminado por tu lumbre. Dicen la noche confunde. Pero nunca nadie fue más fiel. (Yo sigo con tus alas pintadas). Hoy hace un año. Parece haga diez. Desde que no te he vuelto a ver.
 
Tú no andabas, levitabas.
Cada vez que aparecías, me flaqueaban las rodillas, de pura turbación. Creía verte en cada rincón. Yo siempre con la respiración entrecortada. En la garganta el corazón. Con el más ardiente deseo, la más paciente impulsión. Verte liberaba lo más escondido de mi interior. Fuiste la criatura más perfecta que nunca soñé. Pero, no me enamoré
 
No eras común, eras maga.
Todos mis amaneceres los creabas, con ese pincel personal. Me enseñaste a elevarme a volar. A ser cómo tú lo eras, mi permanente, tu incondicional. Y contamos todas las estrellas del cielo. Una a una me las entregaste desde tus dedos. Y me apropié de todo aquello que existía dentro de ti. Fui la más amada. La más feliz. Envuelta en la perfección que nunca imaginé. Pero, no me enamoré.
 
No sonreías, reías a través de los cielos.
Recordarte reír como solías hacerlo, me vuelve a estremecer. Mi corazón dejaba de serlo para irse a morir junto a ti. Era algo ajeno a mí. Y yo vibraba al verte reír, al compás de un violín junto a su violoncelo. A mis pies se rendía el mundo entero. Sólo tú lo conseguías hacer. Pero, no me enamoré.
 
No me besabas, me inundabas entre arpegios de auroras infinitas.
Entre todas las palabras secretas y las miradas nunca dichas. Para volverme a pintar las alas todas las mañanas, con el cuidado de un excelso luthier. Eras todo lo que en mis sueños ansié. Pero, no me enamoré.
 
No me amabas, hacías lo que las olas a la arena.
Como si todas las noches fuera luna llena, e in crescendo se aumentara tu temporal. De ese modo tan especial me repetías tus palabras al oído. Esas que nunca yo había oído. Que me hechizaban y emborrachaban. Embrujada por ellas, regías mis días. Y me arrojabas a tu abismo al revés. Pero, no me enamoré.
 
Eras fuego, apasionada.
Eras dulce y determinada. Eras fuerte y preciosa. Olías a mayo y fresas rojas. Tenías la piel de seda, confidente de las estrellas. El Universo era tu aliado. Eras el ser más bello del futuro presente y pasado. Era delicioso ver tu cuerpo esbelto, dorado como un desierto, todo a lo largo de mi cama estirado. Y tu cabello en mi almohada desplegado. Recuerdo cómo era cuando todo en mi interior se irradiaba al a tu lado amanecer. Pero, no me enamoré.
 
No vivías, eternamente jugabas.
Con la inocencia de una chiquilla brillabas y bailabas. Con aquel entusiasmo tan genial en el que a todos arrastrabas. Y esa transparente naturalidad en la que me envolvías. Vida en su pura esencia, me estremecías. Y me encantaba observarte en silencio, deseando que yo, a tu lado tan aburrida, te gustara un poco más cada día… tanto te admiraba. En mi espina dorsal te incorporé. Pero, decía, no me enamoré.
 
Hoy hace un año.
Parece haga diez. Parece fueron dos meses. Una semana. Un día. Una hora tal vez. (Yo sigo con tus alas pintadas). No he dejado de pensar en ti ni un solo día de estos 366. Pero, no me enamoré.
 
 

miércoles, 3 de junio de 2015

Ilusión 66.003

Yo… Si yo fuera un hombre, sería Capitán. De tu velero de madera. Te llevaría a navegar. Yo… Si yo fuera un hombre, tendría esa elegancia rara. La que es como de otro tiempo. Más fuerte que el ébano, por si llega el temporal, en mi te puedas apoyar todas las noches de invierno.
 
Yo. Te llevaría por los mundos. Saboreándote a cada segundo. Te haría el amor en las playas. Danzando en un abrazo, mi cuerpo en tu cuerpo lento, para explotar en tu dentro, y dormirme en tus brazos… hasta el amanecer.
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Yo…Si yo fuera un hombre, te diría palabras bellas, te haría reír mucho, sentirte bella, estar ahí arriba rodeada entre estrellas. Yo… Si yo fuera un hombre, te haría hablar y hablar, te miraría bailar y te amaría de nuevo al atardecer.  
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Hay que decir que han cambiado los tiempos. Las historias de amor anticuadas parece que sólo ocurren en pantallas. Y nos hemos vuelto ahorrativos. Egocéntricos y altivos. Es una pena, a mi me hubiera encantado más humor y más ternura. Y poder ser demostrativo. Dejarte pasar delante, llevar sombrero. Tomarte del brazo y que subas primero. Cada gesto aspirante de todo lo que te sé querer.
 
Pero no son esas cosas que dice una mujer.
 
Yo… Si yo fuera un hombre, sería Capitán. De tu velero de madera. Te llevaría a navegar. Yo… Si yo fuera un hombre, tendría esa elegancia rara. La que es como de otro tiempo. Más fuerte que el ébano, por si llega el temporal, en mi te puedas apoyar, en todas las noches de invierno.