sábado, 26 de mayo de 2012

Mi anécdota preferida...

Dicen, dicen, que las locuras que más se lamentan en la vida,
son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad.


Yo la anécdota que prefiero es la del paciente que le dice a la psico: “yo estaría perfectamente bien si no fuera por la realidad". Y es que yo no escribiría ni una línea, ni me enamoraría como una perra, ni crearía esas mil cosas mías, si no fuera por la realidad. Para cambiarla. Acariciarla. Mandarla a la mierda. Trascenderla. Conservarla. Superarla. Recordarla. Borrarla. Hacerla eterna. Adorarla...

martes, 22 de mayo de 2012

Shakespeareando


Centenares de historias sin protesta. ¡Palabras, palabras, palabras!
Estoy empezando a no parecerme en nada a mi. A ser yo en mi completo absoluto. A desnudarme de otredades. A ser cualquier otro en mi esencia. A lucir cara alegre sin postín. A no parecer contenta. Tez descansada. Ojeras. Un brillo diferente. Un mate sin matiz.

En mis locos intentos, sigo renunciado a lo que soy por lo que espero ser. Sin renunciar a lo que soy, fui y seré. Comprendiendo todo. Sin entender nada. Cuestionando, al igual que el joven Hamlet, un ser o no ser. Y en cualquier caso, cuestionando la cuestión de las cuestiones. Dudando de todo. Sin dudar en nada. Pisando firme segura. Equilibrio al filo y final del más fino abismo al revés.

Hoy inerte soy sólo pasado. Y sin pasado, camino. Sin maleta. Mil mudas. Hoy ando desnuda. Sin más bagaje que mi sórdido yo sereno. Me he desprendido de un absoluto tuyo. Lo resguardé del tiempo. Y lo quemé con viento. Con el viento que había en el fondo del mar. Ese mar vertical del desierto en sequía. Una noche de brujas perdidas entre caballitos de cielo. Con un diablo disfrazado  de doncella disfrazada de diablo disfrazado de... al que vendí junto a mi corazón, tu ligero colgante  cargado de dijes.

Si. Me he deshecho de todo. No. Y ya sabes. De nada también.

Y como el lector no está entendiendo lo que escribo, porque se rige a golpes de sin porqués, verosímiles. Sin mímesis. Con catarsis. Como la más cruda e irreal anagnórisis trágica de una vida. Y como el lector a estas alturas entenderá aún más que yo estas líneas. Aquí termino. Para proseguir eternamente. En el bucle infinito limitado por su fin.

E insisto.
Sin insistir.
O vagamente.
De esta forma demente.
Insistiendo insistentemente, sin insistir en insistir o no:

Que el quid de la cuestión es el siguiente: conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que es posible olvidarte.

Sería admitir un posible olvido. Sería creer en él.
Aunque pretenda olvidar sin querer y queriendo querer que quiero olvidarte.

El caso es que, olvidarte, sea o no sea (seguimos con el debate existencial del joven príncipe), fácil, en cualquier caso no es verosímil. Y si la Tragedia no es verosímil desde el principio, o no se mantiene verosímil hasta el final, como bien arguyó Aristóteles, no contribuirá a que el público tenga la posibilidad de identificarse en los personajes y las situaciones representadas en escena. No contribuirá a que el público se transporte y sienta. Y no. La tragedia no podrá entretener. Ni instruir. Ni dar una lección del grueso de la vida. Del estético y fino detalle. De lo de siempre. De lo de nunca. Del bucle infinito de la misma historia que todas, distinta de todas, con eterno idéntico único fin.

La verisimilitud es el pilar esencial para que la Tragedia llegue realmente al fondo y final del último pliegue del alma. Sólo lo verosímil logra causar revoluciones y catarsis. Y termina aquí, esta tragedia sin fin. Eso sí. Pautada. Con mímesis. Catarsis. Y anagnórisis.

Olvidando que he olvidado olvidar olvidarte.

Y avanzando vacía, desnuda y sin ti. Entendiendo al fin, que tener que conservar algo tuyo que me ayude a recordarte (incluso necesitarte aquí) sería negarte, no una vez, sino mil.

jueves, 10 de mayo de 2012

No. A tí no te miento.


No. A ti no te voy a mentir.
No. No estoy enamorada.


Sé que sería más fácil decir que si. Más fácil para ti. Más fácil para mi. Pero no soy capaz de hacer que vivas engañada. Ni siquiera lo soy, de pronunciar un "te quiero", sin que en él se me vaya el alma. Porque fingirlo me aliviaría el ego, pero me pudriría el karma. Porque quiero ser Leal contigo. Conmigo. Con el rincón mas interno de mis entrañas. A pesar de que signifique un revés para mi orgullo de poeta, de clásica, de romántica. Sería más sencillo mentirme. Que reconocer que por mucho que lo intente, como si de una tortura se tratara, no consigo quererte, como se debe querer a la más amada. A pesar de su rareza, se reconoce con una sola mirada. No. A ti no te voy a mentir. No amor. No estoy enamorada. Y no voy a contar a ningún tercero ni lo especial de lo que siento, ni como vibra mi alma. Porque sería hacer como cierto lo que no es cierto, y engañar cada uno de mis poros si me escucharan pronunciar ciertas no ciertas palabras.


¿Que por qué estoy contigo? Porque me despiertas a besos cada mañana. Porque me haces reír. Y me curas con esos ojos de abundantes pestañas, cada una de las cicatrices de un pasado que ni imaginas vivir. Por tu acento del Sur. Por tu voz ronca de madrugada. Porque aguantas el mundo por mí. Y por las eses de tus palabras. Por la calidez de tu cuerpo estirado en mi cama, cuando ladeo en mi almohada. Por tu piel suave. Y tu pecho perfecto. Por esas cosas que me dices y no recuerdas, cuando despunta el alba. Por lo que tú si me quieres a mi. Y por tu entrega desmesurada. Estoy contigo porque me haces feliz. A ratos. Y me haces olvidar las ganas de llorar que tengo cuando te marchas. Porque eres mi chamán. Sanadora nata. Porque tus manos curan mi piel. Y tu boca me lame el alma. Pero no, amor. A ti no te voy a mentir. No estoy enamorada. Y ni tiemblo al pronunciar tu nombre. Ni se derrite al roce de tu mano, mi alma. Ni galopa dentro de mí esa pasión, esa furia, ese éxtasis, esa dulzura, esa metralla.

No. A tí no te voy a mentir. No estoy enamorada. Pero te quiero porque me haces feliz. Y por Dios, para que no me muera aquí mismo, dime que eso te basta.


lunes, 7 de mayo de 2012

Declaración epistolar en tardes de luna llena,

Buenas tardes Querida;

Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.

No puedo estar mucho tiempo sin ir a buscarte. Sin saber de ti. Y es que de ti no sé absolutamente nada. Ni siquiera sé sobre tu situación. En realidad no quiero saber. Me asusta saber. Me vale con tener la certeza de que estás bien. Tener la seguridad de que Tiempo y silencio no van a hacer tan híspida nuestra relación que sea imposible encontrar el lugar para retomarla en el futuro. Y me es suficiente tener la convicción de que todo es para reencontrarnos más y mejor, en un lugar que sepamos trazar para nosotras.

Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.

Que pienso en ti. Y que te echo de menos. Que tengo la mala costumbre de querer tener cerca a la gente importante en mi vida. Y a la que quiero. Y espero, con el alma temblando en mi pecho, que alguna vez llegue ese día.

Nota: de Mariposas bien, de Mariposas bien.

Ilusión 10.006

Había una época en la que no tenía otra cosa que hacer que esperar a que saliera Luna desde las entrañas del horizonte. Tocar a oscuras, mi fiel piano. Comer trozos de pan casero hecho en el horno artesanal de algún ángel. Y ponerle miel al café con leche de soja al quedarme sin azúcar.

Yo dudaba de mi efectividad por aquel entonces. Y así, entre piano y piano, escribía pequeños opúsculos, novelas, y devoraba libros. Veía a los paseantes porfiados de enigmas andar abrazados por la playa, y a los perros bañarse en el mar.

Era una vida mía. Tan mía como sentía míos los siete faros del horizonte que custodiaban el séptimo cielo que habitaba. Fulguraban en mi alma. El mar rompía suavemente en mi pecho, una y otra vez, una y otra vez. Deliquios con igual cadencia que mi piano. Había una época en la que me bastaba con vivir
.

domingo, 6 de mayo de 2012

Radiografía estomacal

- ¿Y qué tal va de mariposas?
- De mariposas bien Doctor. De mariposas bien.

jueves, 3 de mayo de 2012

Aquello que YO nunca escribiría...

Escribo y escribo. Te veo. Te conozco. Te reconozco. Te idealizo. Te presentas. Te oigo. Tienes esa voz. Una voz grave. Me sorprende. De tu cuerpo sale una voz grave. Una voz tuya. Y me encanta. Estoy seria. Me sonríes. Te sonrío. Dientes bonitos. Dientes perfectos. Pelo despeinado. Algo débil. Algo quemado por el sol. Eres fuerte. Deportista. Me gusta cuanto ríes. Me gustas. Te idealizo. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Solo pienso en hablar contigo. Las expectativas siguen altas. Además escribes. Joder, escribes. Te leo. Te releo. En tu último relato, hablas sobre algo nuevo. Me busco entre las líneas. Me encuentro. No sé si seguir leyendo. No sé si me atreveré… Sigo leyendo. Escribes bien. Joder qué bien que escribes. Estoy segura que escribes sobre mí. ¿Escribes sobre mi?. No seas tan egocéntrica, vamos. Pero sí, es sobre mi. Escribo sobre ti. De forma más obvia que tú ¿Tan obvio me ha quedado? Seguro que lo lees y huyes. Siempre lo leen y huyen. No. Tú no huyes. Dices que te gusta. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Hablamos. Ya me empiezo a imaginar todo el futuro. Proyecto. ¿Proyectas? Visualizo. Intuyo. Vislumbro una dulce cotidianidad a tu lado. Y me encanta. Te cuento algo sobre mi anterior relación. Para ver como reaccionas. Me dices que ojala nos vuelva a ir bien. Que conoces la persona perfecta para mi. ¿La persona perfecta para mi? Mierda. Me quieres como amiga. ¿Estás siendo franca? Falsa que eres, joder. Por lo menos demuestra un tic de celos. Yo que sé. Algo. Ojala tuvieses celos. Si. Celos de mi antigua relación que no fue relación ni fue nada. Serás zorra. Está bien. Te veré como amiga. ¿Pero para qué quiero yo más amigas?. Tengo las amigas que quiero tener. Y no cabe ni una más. Ni una menos. Bueno. Te veré como una amiga. No pasa nada… Tiempo, pasa. Yo también paso, de ti. Un poco. Tiempo, pasa más aún. Me buscas. Me doy cuenta que me buscas. Recuerdo ciertas cosas. ¿Y si no podías ser franca?. Quedamos. Mi casa. Tensión. Hay mucha tensión. Las piernas me tiemblan. Siempre me tiemblan las piernas. Pero es algo que la gente no nota. Al menos nunca me tiembla la voz. Tu voz. Me dices “hola”. Esa voz. Tu voz grave. Suave y grave. Es tensión de la buena. Me encanta tu voz. Te lo digo. Sonríes. Me encanta la forma que tienes de sonreír. Eso no. Eso no te lo digo. Sin embargo. Te abrazo. No es un abrazo cualquiera. Es un abrazo distinto. Te contesto “hola”. Me abrazas. Sigues. Me acaricias la mano. Te acaricio la espalda. Me aprietas. Suave. Beso. Beso. Beso. No digo “te quiero” para no asustarte. Pero joder, cuanto te quiero. Besos por todo el cuerpo. Está prohibido dejarse un cm. Paseamos por los puentes de San Petersburgo. Recorremos Praga. Llegamos a Paris. Paris. Vive Paris mon amour. Besos por toda la ciudad. Por cada uno de sus portales. Todo va bien. Todo va tan y tan bien. Bien. Bien. Bien. Todo va demasiado bien. Mal. Todo va mal. Todo va fatal. Demasiada calma. Me aburro. Me aburres. La rutina me mata. Me agria. No soporto tu ñoñerío. Aparecen los primeros defectos. Los primeros detalles. Realmente insoportables. Detalles insoportables tuyos. Que no me puedo quitar de la cabeza. Un no te soporto. No eres como te idealicé. Ya no escribes nunca. Ya no cantas. Ya no bailas. Ya no ríes nunca. Ya no tienes esa voz. Resulta que tienes una voz de pito. Y ya no pones todo París a mis pies. Ni me sabes llevar por los puentes de San Petersburgo. Parece que tengo que hacer las cosas por obligación. No me agobies, coño. Y no. No pienso cambiar. Yo soy así. Lo sabías antes de conocerme. Llamadas de 5 minutos con un automático “te quiero” al final. Besos automáticos. Fríos. Gélidos. Que ni son besos ni son nada. Aunque se den en los labios. Resúmenes de días automáticos al llegar a casa. Abrazos automáticos. De Micro Machine fuera del terreno de juego. Hay tensión. De la mala. Y aparece una nube negra. Los primeros celos. Celos. Celos a patadas. Celos irracionales. Putos celos. Gilipollas. Zorra. Puta. Fuera de casa. Vete. La casa hecha un cisco. Platos rotos. Sillas rotas. Cristales hechos añico. Portazo. Portazo. Portazo. En las tres puertas. No quiero verte más. Piensas en otra. Si. Sueñas en otra. Yo no soy la otra. Yo solamente soy yo. Celos con razón. Claro que me importa a quién te follas. Comparo. Odiosas comparaciones. Inevitables. Me dices. Lo siento. Perdón. Perdón. Perdón. Nunca pretendí hacerte daño. Me dices. Te quiero, pero. Pero. No te merezco. No eres tú. Soy yo. Me dices. No lo hagas más difícil. Maleta. Te echo de menos. Siempre te querré. Me voy. Adiós. Yo no lloro. Yo no soy de las que lloran. Yo nunca lloro. Pero. Lloro. Te echo de menos. Lloro. Lloro. Te echo de menos. Lloro Lloro. Lloro. Lloro. Lloro. Tiempo. Pasa. Lloro. Ya no sé ni por qué lloro. Escribo. Escribo. Escribo. Dejo de llorar. Escribo y escribo. Te veo. Te conozco. Te reconozco. Te idealizo. Te presentas. Te oigo. Tienes esa voz…