Antes yo no era la que soy ahora. Pero no. No pienso decir a
qué me dediqué antes de aquel 15 de octubre del 2006. Nunca conoceréis a la
Manu Norte de antes. Antes de quedarme muda. Antes de perder mi voz. No. Nunca
lo sabréis. Por más que lo intentéis no saldrá nada de esta pluma. Además, poco
importa porque de eso parece que haga muchos años. Parece que sea otra vida. Es
de hecho, otra vida con distinta historia. Una vida de la que nunca os hablaré.
Yo entonces era joven. Y ahora tengo la impresión de ser muy vieja. De ser
anciana. Si. Una anciana enjaulada en el cuerpo de una niña. Arrastrando en el
pecho, como lo hiciere un preso con su bola, un corazón maduro y viscoso como
la pulpa de una fruta pasada. Gaseado. Agujereado como un queso gruyere.
Remendado. Apuntalado. Zurcido. Una pulpa podrida que hace la vez de corazón y
a duras penas puede latir por nada. Antes yo no era la que soy ahora. Pero no.
A la Manu de antes jamás la conoceréis.
viernes, 29 de junio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
Ilusión 12.332
El Universo estudiaba matemáticas con su hijo pequeño: “esta
es la luz”, “este es el rayo”, “estas son las veleidades”, mientras el niño,
distraído en el aletear de un azor, se preguntaba qué sino tan increíble tenía
esa criatura alígera y majestuosa, capaz de un palpitar y de un estremecerse.
domingo, 17 de junio de 2012
El Deseo del centro. Y el Instante.
El deseo del centro:
Derrida lo definió bien: un lugar imposible y omnipresente. Deriva constante
por un empuje hacia un objeto ausente.
El instante: ¿De qué
materia está hecho? Y voy más allá: ¿de qué está hecho aquel instante en el que
cambia toda una vida?
Deseo e Instante. Cuando un deseo, trágicamente, se cumple. Cuando Deseo deja de ser. Para convertirse en cualquier otra cosa que en cualquier caso, ya no es Deseo. Porque Deseo es esa distancia. Es Imposible que deja de Ser cuando se perfecciona.
Cuando se perfecciona, el
latido del corazón de Deseo se para como en medio de una carcajada clavada en un
tiempo que se olvida de transcurrir. Y Tiempo se convierte en Eterno. En instante. En
recuerdo. Con una pulsión que no quiere morir, no quiere abocar hacia el final, porque supondrá la desaparición, trágica, del Deseo.
Dime, dulce Sur, ¿de qué
materia está hecho aquel instante que cambia toda una vida? ¿El límite a partir
del cual ya nada será lo mismo? Dime, niña de pecho de clima torrencial sembrado
de estepa blanca, ¿qué es exactamente lo último que ven unos ojos antes de que
ya no miren como antes?
miércoles, 13 de junio de 2012
Ilusión 12.000
Los límites en mi mundo sin límites me los impone el
lenguaje. Cuando no hablo, se abre y despliega más allá de lo cognoscible el pulso
de todas las geografías y momentos que un día fueron. Más allá de
cualquier palabra maltrecha.
La isla de mañana V
Si exceptuamos el género técnico, toda literatura es obsesión.
Gestualidad de un neurótico obsesivo confeccionando su mundo. Un mundo que
rehace la Nada. En el que deconstruir lo construido. Un mundo que se despliega
en los mil mundos que los mil lectores se apropian. Ahondando de la forma que fuere, detrás de de aquella historia
está su histeria, y un mezquino deseo de que la otredad le restituya esa Nada con
su aprobación.
lunes, 11 de junio de 2012
Veintitrés años después.
“Tiene la vida un lánguido
argumento, que no se acaba nunca de aprender”. Dicen que sabe a luna
despechada. A anís amargo. A un te quiero y no te puedo tener. Tiene el tiempo,
una frivolidad balsámica. Y es que amanece un buen día y han pasado muchos
años. Tantos como veintitrés.
El calendario ha mezclado tus dijes con sus sugieres. Ha
cortado mis alas para volar. Ha disecando mi oficio de soñar. Y si. En las
oscuras tabernas de la noche, me he vuelto a dar al vicio de olvidar.
Veintitrés años después.
Al terminarnos, fue aquella vuelta a empezar: ayuno de risas,
caricias y piel. El sol dejó de ser sol para ser una lágrima en mi ojo, complicado
despertar, sin querer queriendo no querer y querer llorar. Luego pasaron las
horas, los días y cada una de sus noches como dicen que pasan las hojas de libros sin
leer.
Son muchos, veintitrés años después.
Y apareces tú hoy, como un luego fatuo. Cantando un no a la quieta
esperanza. Blandiendo en alto tu fe. Y tu espalda, que fue mi geografía
preferida, es ahora un mapa arrugado sin sentido y del revés.
Dicen: “Por el renglón
del corazón, cada mañana descarrila un tren”. El nuestro hace años yace estrellado. Dime, ¿qué diablos quieres veintitrés años después?
domingo, 10 de junio de 2012
DIVINA COMEDIA (Infierno, Canto V)
“Amor que amar obliga al que es amado,
me ata a tus brazos, con placer tan fuerte
que, como ves, ni aún muerto me abandona”
Dante Alighieri
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