lunes, 8 de junio de 2020

Y me robó mi sonrisa


Y me robó mi sonrisa.

Lo hizo como esos carteristas del metro, que no te dan ni un solo tirón. Y tú, incapaz de identificar si fue al principio o al final del viaje, no paras de hilar haciendo memoria. Solo te has dado cuenta cuando la necesitas. Cuando te metes la mano en el pantalón y está vacío. No más sonrisas. No me queda ni una sola de ellas.

A veces, esa intuición, esa intuición que tenemos que nunca escuchamos, me decía, cuando estaba en frente, que ahora ya sonreía bonito. Y cada vez más. Cada vez mejor. A medida que pasaba el tiempo yo me enamoraba más de esa sonrisa sin ser consciente del tipo de injusto que se estaba cometiendo delante de mis propias narices, yo víctima y cómplice a la vez. Sonrisa con los labios. Con los ojos que se rasgan hasta brillar. Con la parte baja de las ojeras que se sonrojan. Con los hoyuelos. Sonrisa interior que te hace vibrar desde los huesos hasta el último de los pelos, y con la que resplandeces con un halo de atracción y magia.

Lo sé. Yo con mi sonrisa le enamoré primero. Me lo confesó con un cuento de Sacheri. Pero calló muy bien que, cual aventajado ladrón de guante blanco, esperaría la mejor ocasión, o un montón de pequeñas ocasiones para, poco a poco, quitarme mi más preciado valor.

Da igual. Solo tengo que volver a reconstruir el gesto. Y con todo mi empeño lo conseguiré. Intentándolo de nuevo, repitiéndolo día tras día. Poniendo toda mi naturalidad, mi optimismo y mi fe en conseguirlo. Aunque durante ese esforzarme escuche a lo lejos esas carcajadas ahora suyas, entre amigos, entre amigas, que, reconozco perfectamente, un día me pertenecieron.


martes, 26 de mayo de 2020

Mi Argentina



Eras mi Argentina. Con tu norte. Con tu Sur. Con 360 otros puntos cardinales. Con tus tangos y tu pampa. Con tu río Tigre. Con tu historia. Por supuesto con tu fútbol y tus barras bravas. Tus relatos, tu lunfardo, tu radio, tu pasión, tus gracias, tus te amo.

Todo tú. Mi Argentina. 

Sin muros. Todo evidencias. Plazas de mayo y milongas bailadas. Tú todo azul, en mi pupila embelesada que admiraba como hacías arder el aire, como pintabas tu cuerpo y desnudabas tus ropas. Hacías que el silencio sacudiera sus crines y que tus pensamientos se convirtieran en palabras que pronunciabas solo para mi, en ese lenguaje que habíamos inventado. Nuestro. Que nadie más entendía. Pisamos también un mundo nuevo por nadie antes conquistado. Tú lo querías llamar Ibiza y yo lo quería llamar Azul. Era tan sencillo ponernos de acuerdo en esa época que al unísono pronunciamos Ibizul, mientras era aún verano y sonaban las patillas del abuelo. 

Hicimos todas las magias y me enseñaste el arte de la hechicería. La arena inundaba los relojes del tiempo y tus ojos me contaban las historias más bellas que había escuchado mi piel. Cada uno de mis pasos era para lograr tu aplauso. Y a tu lado aprendí a volar. Como solo lo saben hacer los pájaros. 

Y es que nuestra historia se había escrito antes que el tiempo. Y seguirá nuestra silueta como fuego eterno en los pechos de los que realmente amaron alguna vez

Eras mi Argentina. Con tu norte. Con tu sur. Con 360 otros puntos cardinales. Con el ansia y la perfección que tiene todo lo imperfecto de lo que te vas enamorando poco a poco. Pero a la vez como un tsunami. Como una explosión. Que cala en tus huesos, y a partir de lo que ya nunca volverás a ser el mismo.

No olvides amor, aquellas noches que nuestras almas lucharon cuerpo a cuerpo.

sábado, 21 de marzo de 2020

Tratar con cuidado, contiene sueños.


Abrazos Blancos

Pasará. Porque todo pasa. 

Y podremos ir al café. Ir al fútbol. Y a un concierto. Ir a trabajar. Coger el metro. Dar la mano. Dar dos besos. Podremos ir a cenar, a bailar, ir al cine juntos. Podremos volver a viajar. Y los cumpleaños se volverán a celebrar.

Nos podremos ver más cerca de a dos metros y pasear sin que vengan a detenernos. A mandarnos a casa, ¡Ya!. 

Y los nietos podrán abrazar a sus abuelos. Los amantes se volverán a encontrar cuerpo a cuerpo. Y esos besos sabrán a los primeros, con todas las ganas reprimidas, con todo aquel tiempo que la ardiente paciencia del deseo ha hecho madurar. 

Despreciaremos, hartos, todas las pantallas. Todo lo virtual. Agradeceremos el cara a cara, todos los directos, la palpable realidad. 

Puede que si, que sea Madre que, después de muchos avisos, después de que no le hayamos hecho ni caso, nos de el último toque ya. Pueden ser tantas cosas,... 

Pero pasará. Y si lo hemos hecho bien, si hemos aprovechado este tiempo de verdad, si nos hemos parado a pensar y a mirarnos por fuera, por dentro, ese día llegaremos más fuertes. 

Llegaremos más limpios. Llegaremos más inteligentes. Más solidarios. Habremos aprendido a relativizar. A vivir entendiendo que es un regalo la vida. A valorar lo que es importante de verdad. Habremos aprendido muchísimas cosas. Los féretros, las sirenas y los aplausos cesarán. Y cesarán los abrazos blancos. 

Todo esto pasará. Porque todo pasa. Y ese día, el día que llegue que gane la batalla la sanidad, al abrazar cerraremos los ojos. Y como muchas otras cosas ya hechas anteriormente pero transformadas a nuevas, esos sí serán abrazos de verdad. 




domingo, 8 de marzo de 2020

Trabajo duro

Buenos días trabajo duro;

Reconozco que, como casi siempre, mi padre tenía razón. Tú nunca fallas. Nunca me fallaste. Nunca me fallarás. Al revés, me salvaste cuando me agarré a ti. En más de una ocasión. Siempre cumples lo que prometes. Y eres simplemente el resultado de mi esfuerzo. Sin que ninguna otra variable se cruce entre nosotros dos. Por eso te amo. Y te lo agradezceré siempre. Nunca me esconderé de ti. Ni te negaré. De hecho, te estoy esperando. Dónde estás, dime. Te necesito. Ahora.

sábado, 22 de febrero de 2020

Viajar

Arrancar el coche y poner la música. Y subir el volumen. Cuanto cura.

viernes, 19 de julio de 2019

Tú exactamente así

                                  
Si quieres podemos hablar de ingeniería astral, del lugar al que me lleva tu abrazo, de los latidos de la luna, de los viajes que harás sin mí a tu Argentina o a alguna isla brasilera, de mi adiccion a tu boca, o de las noches que pasaré con frío después de ti.

Si. En mi alma llueve a veces. Pero no te preocupes, no sentirás frío. Ni pena. Es para regar las tierras de mi pecho. Mi jardín y sus frutales. Y todo lo que llevas sembrando en mi.

Y cuando te pierdas, (porque te pierdes a veces) avanzaré hacia ti junto a Maradona y a los uruguayos de tu Eduardo Sacheri. Junto a los once: Máspoli; González y Tejera; Gambetta, Varela y Rodríguez; Ghiggia, Pérez, Migue, Schiaffino y Morán. (Esos uruguayos del Maracaná del 16 de julio de 1950 ahora también me sirven de talismán).

Avanzaré para marcar el mejor gol de la historia. Para dejarte el más bello de tus tatuajes. Y que por arte de magia, embrujo o simplemente de la forma más natural, sea de verdad un para siempre.

Te juro que vale la pena caerse y romperse las alas
.