"Night-time sharpens, heightens each sensation
Darkness stirs and wakes imagination
Silently the senses abandon their defences
Slowly, gently night unfurls its splendour
Grasp it, sense it - tremulous and tender
Turn your face away from the garish light of day,
turn your thoughts away from cold, unfeeling light -
and listen to the music of the night .
Close your eyes and surrender to your darkest dreams!
Purge your thoughts of the life you knew before!
Close your eyes, let your spirit start to soar...
And you'll live as you've never lived before .
Softly, deftly, music shall surround you
Feel it, hear it, closing in around you
Open up your mind, let your fantasies unwind,
in this darkness which you know you cannot fight -
the darkness of the music of the night.
Let your mind start a journey through a strange, new world!
Leave all thoughts of the world you knew before!
Let your soul Take you where you long to be!
Only then can you belong to me.
Floating, falling, sweet intoxication,
Touch me, trust me, savour each sensation!
Let the dream begin,
let your darker side give in to the power of the music that I write
the power of the music of the night.
You alone can make my song take flight, help me make the music of the night."
Phantom of the Opera,
Music of the Night
viernes, 8 de junio de 2012
sábado, 26 de mayo de 2012
No quiero tener un corazón cosido.
Ella se ha ido. Y yo, no quiero tener un corazón cosido. No
quiero el corazón de Carole Martinez. Ni tampoco el de Leonora Carrington, ni
los de Ángeles Martínez Santos, Maruja Mallo, Alma Fidora, Natalia Goncharova,
Sonia Delaunay o Alexandra Exter, dicho sea de paso.
Tengo un apartamento con una vista maravillosa. Se ve todo
el infinito que te devuelve su infinito. Y por la noche nos iluminan 7 faros. Por
la noche podría ser cualquier parte del mundo. Cualquier parte del mundo que
tuviera mar. Por la noche podría estar sobrevolando cualquier parte del mundo.
También tengo un inmenso sofá para contemplar la noche. Una
vista orgiástica al servicio del inmenso sofá. Pero.
Ella
se
ha
ido.
Y yo no quiero tener un corazón cosido.
Durante el tiempo que pasé con ella pude desplegar más y
mejor mi imaginario. Hemos pasado muchas noches ahí. En aquel inmenso sofá. Contemplando
el cielo hasta amanecer. Yo acariciándola hasta morir. Y ella en su silencio.
Su silencio que no oculta nada. Es un silencio ancho. Estirado. Ella es
silencio. Y hoy, Silencio se ha ido. Y yo no quiero tener un corazón cosido.
Ella
no
hablaba.
Ella no solía hablar. Ocurría a menudo que yo preguntaba y
ella no respondía. O terminaba por contestar cuatro o cinco días después. Eso
si. Era tan hermosa, era tan y tan bella, que yo lo podía hacer todo con su
Silencio. Podía hacer cosas maravillosas en él. Iba y venía. Me paseaba. Lo acariciaba.
Creaba y volvía. Mi imaginario se expandía. Incluso, podía volar. Su silencio
era azul de puro blanco. Era una bocanada de aire fresco. Era lacónico.
Estirado. Oscuro. Lleno de luz. Su silencio era un paroxismo. Y yo deambulaba
por ahí, sintiendo como mi piel se transformaba en túnica blanca, mientras su silencio se desplegaba
por toda su hermosura.
Ella sólo miraba, en silencio, aquel profundo mar envuelto
de horizonte envuelto de mar envuelto de horizonte. Y se dejaba acariciar. Sin
pronunciar una sola palabra. Sin contestar a las mías. Pero ella se ha ido. Y
yo no quiero tener un corazón cosido.
Y
por
siempre,
permaneceré en Silencio.
Mi anécdota preferida...
Dicen, dicen, que las locuras que más se lamentan en la vida,
son las que no se cometieron cuando se tuvo la oportunidad.
Yo la anécdota que prefiero es la del paciente que le dice a
la psico: “yo estaría perfectamente bien si no fuera por la realidad". Y es que yo no escribiría ni una línea, ni me enamoraría como una perra, ni crearía esas mil cosas mías, si no fuera
por la realidad. Para cambiarla. Acariciarla. Mandarla a la mierda.
Trascenderla. Conservarla. Superarla. Recordarla. Borrarla. Hacerla eterna.
Adorarla...
martes, 22 de mayo de 2012
Shakespeareando
Centenares de historias sin protesta. ¡Palabras, palabras, palabras!
Estoy empezando a no parecerme en
nada a mi. A ser yo en mi completo absoluto. A desnudarme de otredades. A ser cualquier otro en mi esencia. A lucir cara alegre sin postín. A no parecer contenta. Tez descansada. Ojeras. Un brillo diferente. Un mate sin matiz.
En mis locos intentos, sigo renunciado a lo que soy por lo que espero ser. Sin renunciar a lo que soy, fui y seré. Comprendiendo todo. Sin entender nada. Cuestionando, al igual que el joven Hamlet, un ser o no ser. Y en cualquier caso, cuestionando la cuestión de las cuestiones. Dudando de todo. Sin dudar en nada. Pisando firme segura. Equilibrio al filo y final del más fino abismo al revés.
Hoy inerte soy sólo pasado. Y sin pasado, camino. Sin maleta. Mil mudas. Hoy ando desnuda. Sin más bagaje que mi sórdido yo sereno. Me he desprendido de un absoluto tuyo. Lo resguardé del tiempo. Y lo quemé con viento. Con el viento que había en el fondo del mar. Ese mar vertical del desierto en sequía. Una noche de brujas perdidas entre caballitos de cielo. Con un diablo disfrazado de doncella disfrazada de diablo disfrazado de... al que vendí junto a mi corazón, tu ligero colgante cargado de dijes.
Si. Me he deshecho de todo. No. Y ya sabes. De nada también.
Y como el lector no está entendiendo lo que escribo, porque se rige a golpes de sin porqués, verosímiles. Sin mímesis. Con catarsis. Como la más cruda e irreal anagnórisis trágica de una vida. Y como el lector a estas alturas entenderá aún más que yo estas líneas. Aquí termino. Para proseguir eternamente. En el bucle infinito limitado por su fin.
E insisto.
Sin insistir.
O vagamente.
De esta forma demente.
Insistiendo insistentemente, sin insistir en insistir o no:
Que el quid de la cuestión es el siguiente: conservar algo que me ayude a recordarte, sería admitir que es posible olvidarte.
Sería admitir un posible olvido. Sería creer en él.
Aunque pretenda olvidar sin querer y queriendo querer que quiero olvidarte.
El caso es que, olvidarte, sea o no sea (seguimos con el debate existencial del joven príncipe), fácil, en cualquier caso no es verosímil. Y si la Tragedia no es verosímil desde el principio, o no se mantiene verosímil hasta el final, como bien arguyó Aristóteles, no contribuirá a que el público tenga la posibilidad de identificarse en los personajes y las situaciones representadas en escena. No contribuirá a que el público se transporte y sienta. Y no. La tragedia no podrá entretener. Ni instruir. Ni dar una lección del grueso de la vida. Del estético y fino detalle. De lo de siempre. De lo de nunca. Del bucle infinito de la misma historia que todas, distinta de todas, con eterno idéntico único fin.
La verisimilitud es el pilar esencial para que la Tragedia llegue realmente al fondo y final del último pliegue del alma. Sólo lo verosímil logra causar revoluciones y catarsis. Y termina aquí, esta tragedia sin fin. Eso sí. Pautada. Con mímesis. Catarsis. Y anagnórisis.
Olvidando que he olvidado olvidar olvidarte.
Y avanzando vacía, desnuda y sin ti. Entendiendo al fin, que tener que conservar algo tuyo que me ayude a recordarte (incluso necesitarte aquí) sería negarte, no una vez, sino mil.
jueves, 10 de mayo de 2012
No. A tí no te miento.
No. A ti no te voy a mentir.
No. No estoy enamorada.
Sé que sería más fácil decir que si. Más fácil para ti. Más fácil para mi. Pero
no soy capaz de hacer que vivas engañada. Ni siquiera lo soy, de pronunciar un
"te quiero", sin que en él se me vaya el alma. Porque fingirlo me
aliviaría el ego, pero me pudriría el karma. Porque quiero ser Leal contigo.
Conmigo. Con el rincón mas interno de mis entrañas. A pesar de que signifique
un revés para mi orgullo de poeta, de clásica, de romántica. Sería más sencillo
mentirme. Que reconocer que por mucho que lo intente, como si de una tortura se
tratara, no consigo quererte, como se debe querer a la más amada. A pesar de
su rareza, se reconoce con una sola mirada. No. A ti no te voy a mentir. No
amor. No estoy enamorada. Y no voy a contar a ningún tercero ni lo especial de
lo que siento, ni como vibra mi alma. Porque sería hacer como cierto lo que no
es cierto, y engañar cada uno de mis poros si me escucharan pronunciar ciertas no
ciertas palabras.
¿Que por qué estoy contigo? Porque me despiertas a besos
cada mañana. Porque me haces reír. Y me curas con esos ojos de abundantes
pestañas, cada una de las cicatrices de un pasado que ni imaginas vivir. Por tu
acento del Sur. Por tu voz ronca de madrugada. Porque aguantas el mundo por mí. Y por las eses de tus palabras.
Por la calidez de tu cuerpo estirado en mi cama, cuando ladeo en mi almohada.
Por tu piel suave. Y tu pecho perfecto. Por esas cosas que me dices y no recuerdas, cuando
despunta el alba. Por lo que tú si me quieres a mi. Y por tu entrega
desmesurada. Estoy contigo porque me haces feliz. A ratos. Y me haces olvidar
las ganas de llorar que tengo cuando te marchas. Porque eres mi chamán. Sanadora
nata. Porque tus manos curan mi piel. Y tu boca me lame el alma. Pero no, amor.
A ti no te voy a mentir. No estoy enamorada. Y ni tiemblo al pronunciar tu
nombre. Ni se derrite al roce de tu mano, mi alma. Ni galopa dentro de mí esa
pasión, esa furia, ese éxtasis, esa dulzura, esa metralla.
No. A tí no te voy a mentir. No estoy enamorada. Pero te quiero porque me haces feliz. Y por Dios, para que no me muera aquí mismo, dime que eso te basta.
lunes, 7 de mayo de 2012
Declaración epistolar en tardes de luna llena,
Buenas tardes Querida;
Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.
Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.
No puedo estar mucho tiempo sin ir a buscarte. Sin saber de
ti. Y es que de ti no sé absolutamente nada. Ni siquiera sé sobre tu situación.
En realidad no quiero saber. Me asusta saber. Me vale con tener la certeza de
que estás bien. Tener la seguridad de que Tiempo y silencio no van a hacer tan
híspida nuestra relación que sea imposible encontrar el lugar para retomarla en
el futuro. Y me es suficiente tener la convicción de que todo es para
reencontrarnos más y mejor, en un lugar que sepamos trazar para nosotras.
Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.
Conociéndome como me conoces, no te sorprenderá que te escriba. Para decirte nada nuevo. Ni mucho. Ya sabes.
Que pienso en ti. Y que te echo de menos. Que tengo la mala
costumbre de querer tener cerca a la gente importante en mi vida. Y a la que
quiero. Y espero, con el alma temblando en mi pecho, que alguna vez llegue ese
día.
Nota: de Mariposas bien, de Mariposas bien.
Ilusión 10.006
Había una época en la que no tenía otra cosa que hacer que
esperar a que saliera Luna desde las entrañas del horizonte. Tocar a oscuras,
mi fiel piano. Comer trozos de pan casero hecho en el horno artesanal de algún ángel.
Y ponerle miel al café con leche de soja al quedarme sin azúcar.
Yo dudaba de mi efectividad por aquel entonces. Y así, entre piano y piano, escribía pequeños opúsculos, novelas, y devoraba libros. Veía a los paseantes porfiados de enigmas andar abrazados por la playa, y a los perros bañarse en el mar.
Era una vida mía. Tan mía como sentía míos los siete faros del horizonte que custodiaban el séptimo cielo que habitaba. Fulguraban en mi alma. El mar rompía suavemente en mi pecho, una y otra vez, una y otra vez. Deliquios con igual cadencia que mi piano. Había una época en la que me bastaba con vivir.
Yo dudaba de mi efectividad por aquel entonces. Y así, entre piano y piano, escribía pequeños opúsculos, novelas, y devoraba libros. Veía a los paseantes porfiados de enigmas andar abrazados por la playa, y a los perros bañarse en el mar.
Era una vida mía. Tan mía como sentía míos los siete faros del horizonte que custodiaban el séptimo cielo que habitaba. Fulguraban en mi alma. El mar rompía suavemente en mi pecho, una y otra vez, una y otra vez. Deliquios con igual cadencia que mi piano. Había una época en la que me bastaba con vivir.
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