viernes, 13 de junio de 2014

No es fácil.

 
No es fácil, ya sabes, cambiar de lunes,
de balcón,
de libro pendiente en la mesita de noche,
tu escondite del cajón,
de cerveza, de restaurante, de llaves, de visión.
No es fácil, ya sabes, cambiar de profesión.

 
No es fácil, ya sabes, cambiar el olor de un deseo,
dejar de decir sin sentir aquel te quiero,
cambiar de periódico, de voz y de tebeo.

 
No es fácil, ya sabes, cambiar el cielo de tu amanecer,
cambiar de credo, de miedo, de luna, de bruma, de pluma,
cambiar de boli y de papel.

 
Cambiar tu rostro y tu mandala.
Cambiar tus días de semana, por otros días que,
vete tú a saber. No es fácil, ya sabes.
Cambiar las cosas del querer.

miércoles, 11 de junio de 2014

Un café

 
Pero. Te he invitado a un café. Ya ves. Sólo un café. Un café. Que es lo más ordinario del mundo. A ti, que eres lo menos ordinario del mundo. A ti, que eres omnipresente como sólo un Dios sabría. Pero. Te he invitado a un café. Para (es necesario) hacerlo mundano. Y es que. Podría haberte invitado a pasar el fin de semana en mi barco. Ese que navega por el mar secreto que encierran las nubes. El bajel invisible de día y noche. El que únicamente se divisa al amanecer y hace cosas tan sensatas como llevarte a la luna si así lo estás deseando, para pasear por los cráteres que inmediatamente se podrían a florecer bajo tu caminar. Luego nos llevaría a un planeta nuestro y solo nuestro en el que, como el Dios en funciones que eres, crearías un mundo. Tu mundo. Nuestro mundo. Yo seguiría hechizada y sería tu primer habitante. Ese mundo sería completamente distinto. Mágico (...) Conservarías algunas cosas a imagen y semejanza de este. Como las olas. Las olas nos morderían suavemente los pies en nuestras caminatas interminables por la orilla, como lo hacen con los pies de todos los paseantes de playas. En los amaneceres de ese nuevo mundo aparecerían mil soles. Y los atardeceres llenarían el cielo de colores innombrables, congregados todos los artistas que un día fueron, cada tarde, para ti. Pero. Te he invitado a un café. Ya ves. Sólo un café. Un café. Que es lo más ordinario del mundo. A ti, que eres lo menos ordinario del mundo.

martes, 10 de junio de 2014

Mi tormenta de verano.

 
Esta es la época en la que reescribo la historia del Universo. Reescribo todas las novelas que un día fueron. Todos los poemas.
 
"-Tormenta de Verano-

Están cogidos de la mano,
en silencio,
bajo los soportales.
...
El niño mira su columpio,
muy triste,
bajo la lluvia,
y no lo entiende.

El padre mira al niño:
es la vida, hijo
-quisiera poder decirle-,
y no ha hecho más que empezar."

Hasta aquí, las líneas de K. Iribarren. Que me tomo la libertad de reinventar. Última estrofa, ahora, dice:
 
La madre mira a la niña
"es la vida, hija" - le dice sonriendo -
"y ahora corre bajo la lluvia, que te voy a columpiar".
 

jueves, 13 de febrero de 2014

Mi teoría subatómica.

Es sobre aquellas cosas tan pequeñas que no se ven. Que nadie ve. Que jamás podré ver aún usando los aparatos de mayor tecnología micro o macroscópica. Es sobre aquellas cosas tan pequeñas que sólo puedo pensar en ellas. Como por ejemplo. Que me basta mirarte para saber que contigo me voy a empapar el alma.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Vuela esta canción, para tí, Júlia.

Si alguna vez AMÉ...
si algún día después de amar, AMÉ,
fue por tu amor, Júlia,
pequeña Júlia..."

A lo Pedro Salinas

No hemos hecho el amor, pero te debo un puñado de versos.
Quiero decir, que te debo
unas horas de otoño.
Una intima conversación,
un café expresso.
Unas gotas de magia,
cierta dosis de sueños,
y el sabor de unos besos.
Imaginarios.

Hubiese podido ser distinto
¿Hubiese podido ser distinto?

Hubieses podido doler.
Hubieses podido doler y dictarme cada una de las palabras para un libro entero.
Si. Hubieses podido doler. Y entonces hubiese podido ver tu cuerpo desnudo.
Sentir ese miedo a perderte. Justo antes de tenerte, como nunca nadie te tuvo.
Justo antes del abismo de besar tu labio.
Sentir el estremecer de mi cuerpo entero, al simple rozar de tu mano.
Lamer tus lágrimas y beber de tu piel.
Hubiese podido extraer tu miel.
Y entonces me hubieses enseñado a Creer
en todo aquello que ya no creo.

Pero no ha ocurrido así. Y, al igual que Pedro,
Estaría contenta de deberte estos maltrechos versos.
"Estaría contenta si no supiese yo
que escribir un poema es un acto cobarde,
Un pretexto irrisorio de gente inadaptada,
De cuerpos de mentira,
Cambiando por estrofas el calor de unas manos,
O el dulce fogonazo de unos ojos
Por la gloria marchita de unos juegos de flores"
 
O por la gloria marchita, de cualquier otro sinsentido.
 
No hemos hecho el amor, pero te debo un puñado de versos.
Ahora cierra los ojos.
E imagina cómo podría haber sido.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Ilusión 42.200


Sus letras no entretienen. No.
Sus letras sacuden. Golpean. Irritan. Abrasan.
De esa forma, seducen.
Para siempre, enganchan.
Lo siento.